Milites templis salomonis

 

MILITES TEMPLI SALOMONIS 

Por Ángel Rodriguez Alvarez 

¿Existen en la actualidad los templarios, los enigmáticos monjes guerreros que han despertado tanta curiosidad en torno a sus actividades, sobre todo en lo que concierne al aspecto esotérico que se dice que presidió la vida de los componentes de esta orden caballeresca?.

¿Han podido sobrevivir a la tragedia que aparentemente los hizo desaparecer en el abismo de la Historia?. ¿Quiénes fueron estos monjes soldados y qué papel tuvieron en el desarrollo de la historia de Occidente?.

Hace ya muchos años, cuando ya el siglo XII estaba en su mitad, concretamente en el año de 1118 Jerusalén fue testigo de la llegada de nueve misteriosos caballeros, que se dirigieron a postrarse respetuosamente ante el monarca Balduino I, que los recibió con una gran hospitalidad y simpatía.

Esta expedición era dirigida por Godofredo de Saint-Audemar, segundo líder en la línea de mando, después de Hugo de Payns. Todos ellos eran franceses.

Teóricamente la misión que llevaba a estos caballeros a Jerusalén era la protección de la integridad física y los bienes de todos los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa, desde el puerto de Jaffa y así es como consta en la Historia, si bien algunas personas creen que les guiaban otros objetivos más esotéricos.

Balduino les ofreció alojamiento en una parte del palacio que quedaba sobre las caballerizas de lo que fue el templo de Salomón. Y fue en ese lugar donde se dice que se dedicaron a realizar unas misteriosas excavaciones que dieron como fruto el hallazgo de algo muy importante, que se supone podría tratarse del Arca de la Alianza, escondida en una cripta secreta por el Rey Salomón, si bien este hecho es rechazado vehementemente por algunos estudiosos que niegan cualquier esoterismo en la vida y costumbres de los templarios, a quienes adjudican el adjetivo de “una orden más, de las muchas existentes”.

El nombre de “templarios” parece deberse precisamente a esa época y a esa relación con el Templo, (con las ruinas del Templo), de Jerusalén, aunque su nombre original fue la “Orden de los Pobres Soldados de Cristo”.

Sin embargo, otras personas que sí aceptan que la vida de esta Orden estaba llena de un profundo esoterismo, creen que lo que encontraron realmente en ese lugar y mediante esas excavaciones fue el Santo Grial, cuya verdadera naturaleza sigue siendo un misterio, sin que nadie sepa realmente qué es, aunque la definición más popular y aceptada de ese Grial es que se trataba de la copa utilizada por Jesucristo en la Ultima Cena. Sin embargo, otros dan al Grial una significación exclusivamente de superación y conquista espiritual.

No faltan quienes creen que los Caballeros encontraron una enorme cantidad de oro, cuya existencia conocían previamente.

Durante los primeros nueve años no aceptaron en sus filas a ningún miembro más, mientras duraron esas misteriosas excavaciones y posteriormente se surtieron, principalmente, de cruzados y caballeros que residían en Jerusalén, y después de toda Europa.

Algo encontraron, y debió ser de una tremenda importancia, pues cuando se expandieron por Europa, en sus construcciones apareció de golpe, y sin un proceso de evolución progresiva sino plenamente desarrollado, el estilo arquitectónico que conocemos como gótico, sustituyendo al románico pero sin derivarse de él. Es algo que deja perplejos a los historiadores. ¿Qué encontraron los 9 caballeros en sus  excavaciones secretas?. ¿Fueron los conocimientos y claves para el desarrollo de esa arquitectura que muchas personas consideran sagrada o hermética, en un sentido totalmente esotérico?.

El Gótico se desarrolló en Francia hasta el 1500, y es un estilo cargado de simbolismos misteriosos y claves secretas, que sólo los iniciados podrían leer y entender. La forma circular de las iglesias erigidas por el Temple imitaba  la forma circular de la Iglesia del Santo Sepulcro, de gran importancia para ellos.

Se dice que sus construcciones aprovechaban la energía telúrica y cósmica de los lugares donde se edificaba, y que producía alteraciones de la conciencia. ¿Fantasía?. Esa es la cuestión. Las formas, proporciones y emplazamientos de esas construcciones sagradas no era realizada al azar, ni mucho menos. Todo perseguía un objetivo, pero ¿cuál era ese objetivo?.

Esta Orden no fue aceptada en principio por las jerarquías eclesiásticas. Tuvo que ser a través de una solicitud realizada por su Maestre Hugo de Payns, al Rey de Jerusalén, (Balduino I había muerto, por lo que gobernaba ahora su primo, Balduino II), que abrió la posibilidad de oficializar la Orden.

Balduino II escribió una carta al Abad Bernardo de Clairvaux, (San Bernardo de Claraval), personaje influyente ante el Papa, y familiar del propio Hugo y de otro miembro de la orden.

Hugo de Payns y otros cuatro caballeros que le acompañaban fueron recibidos por el Papa Honorio II, en Roma, gracias a las recomendaciones del Abad Bernardo y en el Concilio de Troyes, convocado expresamente para dar vía libre a la Orden en el año de 1128 se establecieron las normas y las reglas del Temple, en su  faceta militar y en su faceta religiosa. Se acordó la utilización de un manto blanco y una Cruz de Malta como hábito.

Sólo obedecían al Papa y a la Iglesia y estaban exentos de impuestos y de sumisiones,  mediante la Bula Omne Datum Optimun que el Papa Inocencio II publicó a este efecto en 1139.

Cuando un nuevo miembro ingresaba en la Orden profesaba los votos de pobreza, castidad y obediencia, y sus bienes pasaban a la Orden, lo que propició que la fortuna  del Temple se fuera haciendo cada vez mayor.

Actuaron también como banqueros, en quienes todos confiaban, así que podemos considerarlos como los primeros banqueros de la historia europea. Y en ello fueron muy eficientes, sobre todo en la financiación de guerras. Utilizaron profusamente  la letra de cambio, utilizada ya por los venecianos y lombardos, y algo similar a los cheques.

En poco tiempo amasaron una gran fortuna, lo que hizo que se ganaran grandes enemigos a lo largo de su existencia, pues se generaron muchos conflictos de intereses cuando pasaron de ser los “pobres soldados de Cristo” a tener un enorme poder económico, basado en la acumulación de esas grandes riquezas, que despertaron envidias y rencillas con otras órdenes, (sobre todo con los Hospitalarios, con quienes mantenían incluso enfrentamientos en la calle) y con estamentos oficiales y eclesiásticos, que poco a poco fueron cerrando un círculo de muerte en torno al Temple.

Su peor enemigo fue el rey Felipe IV “El Hermoso”, de Francia, y I de Navarra que ambicionaba la fortuna de la Orden, con quien mantenía fuertes deudas, quien sería el causante de la tragedia templaria, en unión de su cómplice el Papa Clemente V.

La disolución de la Orden del Temple tuvo consecuencias desastrosas en la evolución de Occidente en general y de Europa en particular, pues como dice René Guenón con esa disolución “...se quebró el puente de unión entre Europa y Oriente y la Tradición en Europa se tornó más oscura y difusa”. Se produjo una involución social, al parecer.

¿Por qué caminos hubiera transcurrido la sociedad europea si el Temple no hubiese sido destruído y sus restos disueltos?. Aunque deliberadamente se ha tratado de minimizar la influencia que en muchos aspectos tuvo la Orden, bajo mi punto de vista

fue decisiva en la vida de la Europa de aquellos tiempos, y lo que se ha hecho, e increiblemente se sigue haciendo en ocasiones en nuestros días, ha sido la de potenciar un aspecto que se ha querido presentar muy negativo sobre los templarios, pero la verdad es que su desaparición constituyó un verdadero frenazo en la evolución social. En muchos lugares los poderes establecidos llegaron a borrar, a ocultar, toda huella del aporte cultural y social que los freires ofrecieron.

También se niega que buscaran un sincretismo religioso, pero bajo la apariencia de una total sumisión y obediencia al Papado, y su ejemplar comportamiento cristiano, en los templarios subyacía un afán de búsqueda y puesta en práctica de un conocimiento generalizado, común para toda la Humanidad, el verdadero Conocimiento que sólo llega, al menos en parte, a los que se sumergen en el esoterismo y se inician en órdenes y hermandades de ese cariz. Los templarios lograron ese conocimiento, lo asimilaron y trataron de transmitirlo a la gente en general. Pero no se les dejó. En sus construcciones, cargadas de simbolismo esotérico, existe todo un libro del saber difícilmente asimilable por una mente humana normal en todo su conjunto, pues parece obedecer a la suma de los conocimientos de una especie de mente colectiva, que los han grabado en la piedra de esos enormes libros que son las catedrales, libros que emiten ese saber a la Humanidad, para quien sepa leer y entender, aunque no pueda asimilar tanto conocimiento. Pero es que además esas construcciones, que surgieron de manos de los templarios en ese estilo gótico, se dan una serie de acumulaciones de energías cósmicas y telúricas que afectan a la conciencia de quien permanece en esos lugares o los visita con mucha frecuencia. Ese es el verdadero sentido de las peregrinaciones en esos caminos, como el de Santiago, (se dice que quien hace ese camino, aunque no sea creyente, cambia mentalmente para siempre), plagados de esos monumentos, que modifican o alteran la conciencia de quienes discurren a través de ellos, y que se construían en los lugares donde anteriormente había existido una presencia primitiva, que confirma la sacralidad del sitio a través de los tiempos, generalmente zonas de antiguos cultos femeninos del tipo de la Gran Madre, pertenecientes a la Tradición Solar.

Lugares conocidos o considerados como milagrosos por las gentes del pueblo, por darse en ellos hechos y circunstancias que escapan a su conocimiento y que consideran, por tanto, de origen divino. Se trasciende pues el simple hecho constructivo. A partir de la progresiva implantación de los templarios en Europa, fueron apareciendo en los siglos XII, XIII y XIV multitud de catedrales y otras edificaciones, (para uso del pueblo), en mayor número que en siglos posteriores. El primero de esos templos, levantado con las características propias del estilo gótico fue la Abadía de St. Denis, comenzado a construir por un amigo íntimo de Bernardo de Clairvaux, el Abad Suger, en 1137, cargado de simbolismo mágico y esotérico.

Ni la Iglesia ni la monarquía ni la nobleza soltaban dinero para nada, (egoístas, ambiciosos y puñeteros), sino todo lo contrario, y menos si era para el pueblo, a quien despreciaban fuertemente, por lo que los gastos corrieron a manos de los dos poderes económicos restantes, que eran los judíos y los templarios. Los judíos a través de sus transacciones bancarias, aunque tuvieran que financiar construcciones destinadas a servir para la manifestación y culto de creencias contrarias a las suyas, y los templarios con sus inmensos caudales. Negar el esoterismo que imperaba en esa Orden creo que es negarlo porque sí, como se niegan otras cosas que escapan a los esquemas establecidos como convencionales. Los historiadores y estudiosos que pasan sobre la historia de la Orden superficialmente se sienten sorprendidos por la existencia de una orden compuesta por unos monjes que a la vez eran soldados o guerreros, lo cual aunque en la época también llamaba la atención, no era un caso único, pues entre otras confesiones religiosas existían también los equivalentes de estos monjes guerreros, como los Assaça, los guardianes de la Ley Islámica, (Hassasins, de donde deriva el término asesino que significa consumidor de hatchís).

En el lugar donde se encuentra hoy el Monasterio de La Rábida, en Huelva, España, hubo anteriormente un pequeño monasterio musulmán, de monjes guerreros, islámicos, a la manera de los templarios.

De igual forma, entre los hindúes existían sectas y hermandades de carácter místico-militar.

La Orden del Temple estaba jerarquizada de la siguiente manera:

1.      Gran Maestre, (hábito blanco).

2.      Maestres, Comendadores,(hábito blanco).

3.      Caballeros, (hábito blanco).

4.      Sargentos, (hábito gris).

5.      Escuderos, (hábito gris).

6.      Sirvientes, (aspirantes), (hábito negro).

Poseían fortalezas, (más de cincuenta), situadas estratégicamente, con las que podían controlar enormes extensiones de terreno contra cualquier tipo de amenaza, flotas de barcos con puertos propios, como el de La Rochelle, (pues les resultaba más rentable económicamente tener barcos y puertos propios que alquilarlos), encomiendas, granjas y establecimientos.

La diferencia del color en su hábito tenía una significación de escalonamiento evolutivo, una gradación.

La vestimenta de manto blanco y cruz de Malta roja la habían llevado anteriormente los caballeros de la Orden del Santo Sepulcro, en Jerusalén.

Existieron también mujeres pertenecientes a la Orden del Temple, llamadas “Soro Mitiae Templi”, (Hermanas de la Milicia del Temple), que no ejercían labores guerreras, sino otros menesteres, como labores de hospital, o la confección de los uniformes de los caballeros, cuidado de ganado, elaboración de alimentos, (sobre todo queso, que era muy valioso como ración de combate, por su fácil transporte y su buena conservación), etc., aunque existe algún relato en el que se habla de mujeres templarias que participaron en alguna batalla, pero ésto podría ser una leyenda más, de las muchas que rodean a estos guerreros, pues los templarios en realidad: “...no debían mirar demasiado a otra mujer, ni besar hembra, ni viuda, ni doncella, ni madre, ni hermana, ni tía, ni ninguna otra mujer...”, por lo que debieron establecerse de manera separada totalmente.

Para el año de 1170 los monjes soldados se habían extendido por toda Europa, y en 1220 no tenían rival en lo que a economía y a fuerza militar se refiere. Eran temidos y respetados por unos e intensamente odiados por otros.

Durante la existencia de los monjes guerreros, en Europa hubo abundancia de alimentos, y los habitantes de las ciudades y pueblos no conocieron el hambre en términos generales, gracias a la excelente administración de los integrantes de la Orden. Esto es algo que deberían haber tenido en cuenta esas poblaciones cuando hicieron caso a las acusaciones insidiosas contra los monjes.

Los estudiosos de este tipo de órdenes caballerescas, en su doble vertiente místico-guerrera, no entienden cómo es posible que quien es depositario del mensaje y enseñanzas de Jesucristo pueda servirlo con las armas, pues resulta un contrasentido, dado que Jesús, al decir de sus historiadores no preconizó jamás la violencia para dar a conocer sus ideas.

Sin embargo, en su vertiente filosófica, ellos pretendían crear el germen de una futura Religión Universal, y respetaban todas las creencias y religiones, con las que trataron de convivir, filosofía ésta excesivamente adelantada para la época, que despertó los recelos de la Iglesia. En su faceta política, pretendían crear los Estados Unidos de Europa, o sea la Unión Europea, con su Banco Central y moneda única, tal y como existe en la actualidad. Era uno de los pilares de la Orden.

En la actualidad, y a diferencia de la época a la que hacemos referencia, la palabra “soldados”, dentro de los movimientos religiosos, adquiere un significado de lucha espiritual, y no física, pero no están lejos los tiempos en que el Vaticano bendijo contiendas o enfrentamientos armados a manera de modernas “cruzadas”.

Muchas son las órdenes y movimientos esotéricos y espirituales que se autodefinen como continuadores o herederos de la Orden del Temple, entre ellos la Masonería, pero no existe realmente ningún grupo que pueda ser reconocido legítimamente así. Los templarios murieron con el asesinato de Jacques de Molay, y quienes fueron ejecutados con él, y los pocos supervivientes se fusionaron con otras órdenes ya existentes, desapareciendo para siempre de la Historia, al menos aparentemente.

Otros muchos pasaron a ser “civiles”, sin vinculación religiosa alguna, llevando una vida como la de cualquier otra persona, con sus mujeres, hijos, concubinas, etc.

En Portugal y en España, cambiaron de nombre, simplemente, o se integraron en otras órdenes.

Sin embargo, algunos movimientos muy serios aspiran a esta herencia, y el Catolicismo está evaluando la necesidad de potenciar órdenes de este tipo, que desarrollen su misión no sólo en el terreno espiritual, sino en el material también, de manera que puedan influir en la marcha y orientación de la sociedad ante el peligroso y desastroso avance (socialmente hablando) de un laicismo cada vez más destructivo y agresivo, preconizado particularmente por políticos irresponsables y sobre todo por el peligro cada vez más evidente que presenta el avance de los movimientos islámicos, que hacen tambalear la supervivencia de los valores occidentales y aún su propia existencia física.

El primer paso, el restablecimiento del honor y el reconocimiento de la inocencia de la Orden del Temple ha sido dada ya por el Vaticano casi 700 años después, y el apoyo a esas órdenes que quieren tomar el relevo y defender los valores occidentales, a la manera de una nueva Cruzada, aunque no evidentemente en el sentido de una lucha armada, claro está, se están empezando a notar, tanto por parte de asociaciones como de particulares.

Felipe IV, rey mísero y canalla donde los halla, maquinó junto con el no menos mísero y canalla de su Canciller, Guillermo de Nogaret, la destrucción del Temple, deseando sus riquezas y sobre todo porque mantenía fuertes deudas con la Orden, y porque al haber efectuado un recuento descubrió que el 70% de los bienes franceses pertenecían a los monjes de la Orden, por lo que levantaron graves acusaciones contra éllos, en el año de 1309 entre las que figuraban las de herejía, blasfemia, sodomía, escupir, orinar y maldecir a la cruz de Cristo, la adoración a un gato y a un ídolo llamado Bafhomet y una serie de barbaridades absolutamente falsas y sin sentido.

Junto con Clemente V, el Papa que le apoyó y secundó, destruyeron a la Orden del Temple, sin que ni un solo caballero, escudero o sirviente levantara su lanza o desenvainara su espada para impedir semejante atropello criminal, lo cual constituye un misterio que nadie se explica, dado el enorme poderío militar que tenían los templarios.

Este Papa había sido creado por el rey “a su medida”, después de acabar con la vida del Papa Bonifacio VIII a manos de uno de sus matones y de envenenar a Benedicto XI. Así pues, se eligió por deseo suyo al Arzobispo de Burdeos, que pasó a denominarse Clemente V, ubicando la Sede Papal en Aviñón, en lugar de en Roma. Un Papa pelele, por tanto, a su servicio.

Jacques de Molay y 138 hermanos de la Orden fueron detenidos traicioneramente el viernes 13 de octubre de 1307, cuando regresaban de asistir al funeral de la cuñada del Rey, la condesa de Valois. Desde entonces el viernes 13 se considera un día nefasto por la gente supersticiosa.

Fueron encarcelados y torturados brutalmente, al más puro estilo inquisitorial, hasta el punto de que confesaban todo cuanto deseaban sus verdugos ante el tremendo dolor al que eran sometidos, pues sus miembros eran quemados y sus huesos desmembrados o quebrados. 

Pero todos ellos, en el momento de ser ajusticiados mediante la hoguera o en cualquier otra forma, dejaban claro y con voz bien alta, que sus confesiones habían sido arrancadas mediante el tormento, y que eran inocentes de los cargos de los que se les acusaba. El sufrimiento tan horrible que se les infligía hacía que se desmoronasen y confesasen lo que se les pidiese, como ha ocurrido siempre con las personas sometidas a tortura, (recordemos los célebres procesos de brujeria o contra los herejes, y los escalofriantes instrumentos de tortura empleados en aquellos tiempos).

Los establecimientos templarios fueron allanados, y el propio Felipe IV encabezó el llevado a cabo en París, en cuya Casa, situada en la orilla derecha del Sena, los templarios tenían el depósito principal de los legendarios tesoros de la Orden, aunque se llevó un enorme chasco que le hizo entrar en cólera, pues no encontró más que papeles y objetos que para él no tenían ningún valor, aunque el Rey pudo recuperar sus malditos pagarés, una de las principales causas de su vil comportamiento.

Se dice que unos días antes un cortejo de carretones de heno, enormes, habían partido poniendo a salvo ese tesoro. Al frente de ese cortejo iba el preceptor de Francia Gerard de Villiers. Gran parte de ese oro se sospecha que fue escondido bajo tierra en Rennes-le-Chateau, en el área del Languedoc, en la cima de una montaña, zona de refugio para cátaros.

Esto demuestra que los templarios sabían lo que se les venía encima, pues disponían de un excelente Servicio Secreto. Entonces ¿por qué no tomaron medidas más drásticas?. Es un misterio.

Clemente V declaró disuelta la Orden en el año de 1312, después del dictamen del Concilio de Viennes de 1211, (Bula Ad Providam). Perdonaba a los “pecadores arrepentidos”, y condenaba a los que se mantuviesen lejos del arrepentimiento.

En realidad, Clemente V llegó a convencerse de la inocencia de los templarios, dictando una declaración de inocencia y su absolución, pero la presión del Rey le impidió actuar con valentía y decisión, plegándose a los deseos del monarca.

Hubo países, sin embargo, donde no se persiguió ni torturó a los monjes guerreros, pese a los deseos del Rey de Francia que así lo solicitaba. Algunos, como España, Inglaterra y Portugal no lo hicieron, conocedores sus reyes de la integridad de sus templarios, como se hace ver en la carta escrita por el Rey Jaime II de Aragón al Rey Sancho IV de Castilla, el 20 de noviembre de 1307, sobre el encarcelamiento y juicio realizado contra Jacques de Molay, el Gran Maestre y el resto de los templarios. En dicha carta el Rey se expresaba así:

“De el escándalo que es en França contra los freires del temple, nos fazemos mucho maravellados, porque siempre ovemos mui buena fama de los Templeros de nuestra tierra, y han uiuido unestamente e en buena fama”.

Así, en estos lugares, los templarios se limitaron a cambiar de nombre, (Orden de Cristo en Portugal y Montesa en España), o integrarse en otras, y muchos  simplemente desaparecieron.

Muchas órdenes e instituciones se lanzaron sobre los despojos de los bienes templarios como los buitres sobre la carroña.

Jacques de Molay fue torturado cruelmente, y siete años después se le llevó a la hoguera, en el Islote de los Judíos, en el río Sena, donde una pira preparada iba a quemar su cuerpo entre las burlas de los asistentes al espectáculo.

Jacques se desnudó y caminó sin titubear hasta la pira, pese a los empujones que le daban sus guardianes y verdugos. Pidió que, una vez muerto, su cara fuese puesta mirando hacia Notre Dame, lo cual se hizo así.

El era el último Gran Maestre de la Orden del Temple, después de 169 años de existencia de la Orden y 23 Grandes Maestres, y murió sin exhalar ni un grito, así como sus acompañantes, ante el asombro de todos los presentes.

Pero sí lanzó una citación al Rey y al Papa, antes de morir:

“A tí Papa Clemente te convoco ante el tribunal de Dios antes de cuarenta días, y a tí Rey Felipe, antes de un año”.

Dicho lo cual, murió mansamente, entre las llamas de la hoguera.

Cuando las cenizas se enfriaron, varios hombres enfundados en amplias capas recogieron las cenizas y huesos de los quemados y se los llevaron consigo.

Un mes y dos días después moría el Papa Clemente, de una serie de diarreas producidas por un cáncer de píloro, bañado en sus excrementos, ante el asco de todos, que no se atrevían a tocarlo.

Nogaret, el Canciller del Rey, murió en mayo, y el Rey murió desplomándose de su caballo, al golpearse fuertemente con una rama durante una cacería. El golpe le produjo una parálisis general y murió solo, entre grandes sufrimientos, desnudo y abandonado, pues la gente no podía soportar el hedor que producía la gangrena de sus heridas. Era el 29 de octubre, antes de finalizar el año, cumpliéndose así, misteriosamente, la profecía de Jacques de Molay.

La dinastía del Rey, los Capeto, desapareció catorce años después.

Europa, después de la desaparición de la Orden del Temple entró en la llamada “Guerra de los Cien Años”. Después vino el hambre, la peste (la peste negra que causó estragos) y la muerte.

La Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte: Los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaron por Europa al desaparecer la Orden.

Podríamos entrar a valorar cuánto de esotérico o misterioso tenía la Orden del Temple, alguno de cuyos misterios fueron utilizados en las graves acusaciones contra ellos tergiversando su verdadera significación, mediante una canallesca manipulación.

Siempre me ha llamado la atención lo fácil que es engañar y manipular a la opinión pública, la cual parece no tener la capacidad suficiente para pensar por sí misma, permitiendo que otros piensen por ellos y les empujen en la dirección que a esos poderes o dirigentes sociales les interesa. Eso ha ocurrido siempre y continúa sucediendo, sobre todo en el mundo de la política. La masa es fácilmente manipulable y viven de espaldas a la realidad, utilizando una “verdad prestada”. Y así les va. Esto fue ampliamente aprovechado por los juristas de Felipe IV, que eran grandes expertos en el arte y la técnica de la propaganda.

Así pues, con el asunto de los templarios ocurrió precisamente éso. La gente se dejó engañar, y llegaron a aceptar que los monjes guerreros eran servidores y adoradores de Satán, comedores de niños crudos, y capaces de realizar todo tipo de abominaciones o aberraciones contra Dios, la Iglesia y la Sociedad.

Y en la ignorancia y estupidez tradicionales de la Masa, que sigue tan ignorante y estúpida en la actualidad, encontró el monarca canalla el campo abonado para llevar a cabo con éxito su miserable actuación contra la Orden que culminó con la muerte y desaparición de sus miembros y la disolución de esta organización.

Sin embargo ya hemos insinuado que no desapareció del todo. Existen algunos puntos oscuros que hacen dudar de su aniquilación total, al distribuirse entre las otras órdenes existentes que hacen pensar en una pervivencia clandestina. Y entre estos puntos oscuros existe uno particularmente enigmático: ¿A dónde fueron a parar los barcos que componían la flota templaria?.

Es curioso, pero desaparecieron como si se hubiesen volatilizado. Como si hubiesen sido tan sólo un sueño, un producto de la imaginación. La Rochelle y otros puertos templarios quedaron vacíos de inmediato, desapareciendo los barcos que se hicieron a la mar con un rumbo desconocido, no volviendo a saberse nada más de éllos hasta el día de hoy. ¿Cuál fue su misterioso destino?.

Los más atrevidos indican, ante el escándalo de los historiadores y académicos más convencionales, que los templarios conocían la ruta marítima hacia un punto desconocido para sus contemporáneos pero no para éllos. Ese punto desconocido era el continente americano, donde establecieron, con sus idas y venidas un transporte de plata y oro, que utilizaron en una época en que en Europa escaseaban estos metales, que ya no se explotaban desde el tiempo de los romanos. Ellos lo traían en cantidades más que respetables, pero ¿de dónde?. ¿Realmente iban y venían al continente americano mucho antes de que lo hiciese Cristóbal Colón?.

Se admite que los vikingos estuvieron en América, pero no se acepta tanto que los templarios también, aunque estos últimos lo habrían hecho, de ser así, con mayor facilidad y seguridad.

Sin embargo, y dado que la Ciencia es lo más racional a lo que podemos y debemos recurrir, es lo que digan los historiadores, catedráticos y especialistas lo que debemos aceptar mientras no existan pruebas que apoyen otras hipótesis. Ello no quiere decir que no podamos elucubrar y explorar esas otras posibilidades, llamémosles más “fantásticas”, pero sólo como un tanteo, una búsqueda, un juego, si queremos llamarlo así, pero sin hacer afirmaciones gratuitas, y advirtiendo previamente que se trata de una hipótesis. Sólo así nos guardaremos de inducir a engaño a nadie. Cuando se afirma algo, hay que tener pruebas de la realidad de ese algo.

Continuando con ese juego, los partidarios de estas hipótesis de las “actividades americanas” de los templarios dicen que Cristóbal Colón llegó a tener conocimiento de la existencia del Nuevo Mundo, y de la ruta a seguir, por la documentación existente sobre éllo en algunos conventos templarios o herederos de éstos, como la Orden de Cristo en Portugal, donde se dice que llegó a robar algunos trabajos de cosmógrafos judíos que habían trabajado para los Caballeros en su día, o que había adquirido estos conocimientos en la Orden de Calatrava, en España, donde había estado alojado, sin olvidar su posible origen judío, que trataba de ocultar celosamente, en cuyas fuentes ocultistas había bebido, (se le llama a Colón “el último templario”), así como la ubicación del domicilio de sus familiares más allegados en las inmediaciones del castillo templario en Mallorca, donde tendría acceso e incluso heredado esa documentación, tanto en textos como en cartas náuticas.

Cartas náuticas donde se fija la existencia de América, o supuestamente de América, existían ya antes de Colón. Sin ir más lejos el Atlas de Cresques que en el año de 1375 indicaba la distancia exacta que habría que realizar para llegar al punto exacto             a donde llegó Colón o el mapa elaborado por un cartógrafo alemán nacido en 1440 llamado Henricus Martellus. En éllos viene dibujado lo que recuerda al continente americano.

Es de notar que, una vez desaparecido el Temple, comenzaron a aparecer por toda Europa una serie de cartas náuticas, donde se advertía la representación de países y continentes con una precisión extraordinaria, que en nada desmerecen a la de la cartografía actual. Hasta el más insignificante de los islotes venía reseñado en            estas cartas. Es como si al morir, (aparentemente, claro) la Orden del Temple se hubiese "abierto la mano" en algo que hasta entonces había estado celosamente oculto, en lo que a cartografía se refiere.

(Las cartas y planos se consideraban "alto secreto" en aquellos tiempos), y lo que circulaba era altamente impreciso o inexacto.

Hasta entonces se habían utilizado los llamados Portulanos, con descripciones más o menos, generalmente menos, exactas de las costas y puertos de las zonas más frecuentemente navegadas, a veces con añadidos de las observaciones y anotaciones realizadas en los diarios o libros de navegación, o sea, el equivalente a los Diarios             de Navegación y Libros de Bitácora actuales.

Los Portulanos utilizados hasta entonces eran representaciones que habían iniciado los chinos con la ayuda de la brújula, (¿qué no inventaron o realizaron los chinos?). Fueron los árabes, excelentes navegantes como se sabe, quienes perfeccionaron este tipo de cartografía sobre el siglo X y XI, generalizándose su uso en el            Mediterráneo en el siglo XII y XIII. Estas cartas son las "antepasadas" de las actuales Cartas Náuticas.

Los templarios, que al parecer adquirieron grandes conocimientos en sus inicios en Tierra Santa, no sólo en lo que se refiere a cuestiones esotéricas o espirituales, sino también en conocimientos científicos, dominaron la Astronomía, Navegación, la Química, Cosmología, Medicina, Matemáticas, etc.

Quien posee la información, es decir, quien tiene el saber, tiene el poder.

Así tenemos que en el siglo XIV aparecen por todas partes mapas y cartas de una exactitud sorprendente, (Atlas y Portulanos), que nos hacen sospechar que la Orden del Temple conocía la existencia del continente americano, y que habían navegado hasta esos lugares donde conseguían el oro y la plata que escaseaban en Europa por aquel tiempo.

En cualquier caso, sin llegar tan lejos como hasta América, sabemos que habían reabierto, también, antiguas explotaciones romanas como la existente en Rennes-le- Chateau, (siempre se repite este lugar...).

La posibilidad de que la ruta hacia las Américas estuviese abierta antes de Cristóbal Colón, no sólo por los vikingos, sino también por los templarios, se afirma por muchos investigadores, desde luego con gran revuelo, escándalo y protestas de los historiadores convencionales, que ridiculizan todas estas, para ellos fantásticas            e irresponsables afirmaciones.

Siempre estuve, y sigo estando obsesionado con la figura de Cristóbal Colón, dentro de un orden, claro, y durante mi estancia en el Museo Naval de San Fernando llegué a convencerme de lo que ya hace tiempo que están convencidas innumerables personas: Que Cristóbal Colón no iba navegando a ciegas.

Que sabía a dónde iba y cómo llegar lo confirma el hecho ocurrido cuando al final de las cinco semanas del viaje más trascendental de la Historia, (fuera el primero o no, que parece evidente que no, no cabe duda que cambió el concepto del mundo de entonces, y el único viaje a ese continente que tuvo efectos prácticos para el resto del planeta), cuando los componentes de la tripulación pensaron en amotinarse, llenos de miedo ante un viaje que duraba demasiado, en dirección a lo desconocido, hastiados y desesperados.

Colón les dijo que en tres días llegarían a tierra y que si no era así podrían matarle o hacer con su persona cuanto les viniera en gana.

Ordenó un cambio de rumbo a la expedición, y esa modificación hizo que en tres días, justamente el 12 de octubre de 1492, a las 0200 horas de la madrugada, el vigía de una de las carabelas, (La Pinta), llamado Rodrigo de Triana diera unas voces, las más esperadas por todos con el grito de:

"¡Tieeeerraaaaa!. ¡Tieeeerraaaaa a la vistaaaa!".

Habían llegado, en el plazo dado por el Almirante, a la Isla de Guanahaní, que Colón bautizó con el nombre de Isla de San Salvador.

Parece que sí. Que sabía a dónde iba.

Sobre las velas de la nao y las dos carabelas, los indios pudieron ver la Cruz Roja, representación de ¿la cruz templaria?.

Esta cruz se llevaba en estas embarcaciones, así como en las naves             portuguesas por influencia de la Orden de Cristo portuguesa,            independientemente de que la enseña o estandarte oficial fuera el Estandarte Real, y la Cruz Verde con la F y la Y, de Fernando e Ysabel, y las dos coronas, como enseña de tal empresa.

Cristóbal Colón, hombre misterioso donde los haya, dicen que judío converso, mallorquín probablemente, usurpador de la personalidad de un mercader muerto en un naufragio, según rumores. Todo rumores.

Colón, a quien llaman "el último templario", en nombre de la Corona de España, puso pie sobre la arena de un nuevo continente, que para la Orden del Temple tal vez no era tan nuevo.

Una parte de la flota templaria se dedicó a la piratería, otra se dirigió a Portugal, donde llegó a formar parte de la Armada de Enrique el Navegante, y una tercera parte de esa flota fue a parar a Escocia.

Uno de los estandartes de los templarios era una calavera con dos fémures cruzados, que como todos sabemos pasó a ser la enseña de los barcos piratas. La calavera con los dos huesos cruzados tiene para los templarios un origen cargado de simbología, como casi todo en esta Orden.

Este estandarte representaba la resurrección de la carne, aunque poca carne había en la calavera y los dos fémures cruzados.

La Iglesia afirmaba que para que la resurrección se llevase a cabo digamos "en condiciones", garantizando con éllo la entrada de un difunto en el Cielo, se requería el cuerpo entero, pero los templarios no estaban de acuerdo con tal afirmación, y por el contrario decían que bastaba con la calavera y dos huesos para ser             admitidos en el Paraíso. Y bajo esa enseña navegaban, pasando             posteriormente a ser la "bandera pirata" tan conocida a nivel popular.

En realidad, en la mar, los templarios siempre habían acosado a los navios enemigos de los estados europeos, pero a partir de su desaparición como orden, generalizaron y extendieron este acoso naval a todos los barcos. De algo había que vivir.

Los templarios piratas acosaban a todos los barcos sospechosos de ser amigos o dar apoyo al Vaticano y a ciertos poderes reales. De todas formas, fue una tercera parte de la flota templaria la que se dedicó a estas actividades, no toda la flota.

Este símbolo de la calavera y los dos huesos cruzados figuró en las lápidas de las tumbas de los templarios difuntos, aunque también fue empleado con el tiempo por personas sin relación alguna con ninguna orden.

¿Y qué ha sido del fabuloso Tesoro Templario?.

El verdadero Tesoro del Temple fueron sus logros personales en la búsqueda del Conocimiento, en la realización personal y la trascendencia a otros estados superiores de conciencia. Ese conocimiento lo buscaron a través de cuanto habían encontrado en las enseñanzas recibidas en Jerusalén por los seguidores de Juan El Bautista, a quienes se consideraba los auténticos cristianos, enseñanzas que fueron complementadas por el culto o veneración a María Magdalena, (¿representación de Isis?). Isis, reina de los Cielos, consorte de Osiris, ¿ideal filosófico para los freires?. Los templarios, que fueron considerados como los más viriles de los            Caballeros participaron activamente en la exaltación de lo femenino, (justo al contrario de la Iglesia) y su veneración de las vírgenes negras, representaciones de Isis, y no de Maria, no tuvo igual, y regaron con sus imágenes gran parte de Europa.

Estos monjes-soldados tuvieron una tremenda sed de Conocimiento. Lo            buscaron hasta debajo de las piedras, en el mundo Islámico, en el Hinduísmo, en las tradiciones más antiguas.

En un plano más materialista, no podemos negar que existió una inmensa fortuna en manos de la Orden, fortuna que se dispersó en el momento de la disolución, (se dice que no hubo tal disolución, sino tan sólo una suspensión, pero para efectos prácticos resultó ser lo mismo). Esa fortuna pasó a las manos de algunos monarcas, como             ocurrió en Escocia, donde parte de la flota arribó, y los Caballeros se pusieron en las manos del Monarca en su lucha contra Inglaterra, lo que a este Rey le vino de maravilla, dada la experiencia guerrera y el valor de los monjes.

Las leyendas hablan de una gran parte, la mayor parte de ese tesoro, ocultado, enterrado o trasladado a zonas más seguras.

Una de las zonas de "enterramiento" ya sabemos que fue el Languedoc, en las inmediaciones de Rennes-le-Chateau, zona que actúa como un imán sobre todos los movimientos ocultistas o "heréticos", (¿qué habrá allí?), pero el grueso de la fortuna, en oro y plata, fue a parar a las supuestas encomiendas que la Orden del Temple tenía en el continente americano.

Los descendientes de la Orden, o la Orden en sí  misma, pero "mezclada" en otros movimientos, tuvo un papel fundamental en la organización de nuevos estados, o en la transformación de otros, sentando las bases de la sociedad moderna.

Buscar, como buscaron los templarios en el Siglo XII y XIII la auténtica liberación, la justicia social, la igualdad y fraternidad entre los seres humanos fue, tal vez, excesivamente prematuro, pero fueron ellos quienes a lo largo del tiempo han ido moldeando la civilización occidental y quienes defendieron sus valores, o            corrigieron sus defectos.

En su búsqueda del Conocimiento, un llamémosle "Círculo Interno" o parte más oculta de la Orden, incluso oculta para los grados más externos de la propia Orden, tuvieron unos logros espectaculares, alcanzando los secretos del Ser Interno, el medio de llegar a la Perfección y el camino hacia su destino final.

Eran una Iglesia dentro de la Iglesia y un Estado dentro del Estado, pero ¿qué son hoy día los templarios?. ¿Queda algo de éllos?.

Personalmente creo que sí, aunque no creo que sean sus herederos quienes dicen que lo son.

No lo han sido los descerebrados que se autotitulan movimientos satánicos, que reclaman para sí una identidad o voluntad satánica en los objetivos del Temple, algo tan absurdo que no merece más atención, (pero que ha quedado como una creencia errónea en muchos sectores de la sociedad sobre los templarios, debido a las             acusaciones que a lo largo de los siglos se han hecho contra los freires), ni lo tuvieron los movimientos nazis, que identifican los ideales de la Orden con sus propios ideales, lo cual es una auténtica aberración.

Los templarios fueron el brazo armado del Priorato de Sión, (ambas órdenes tuvieron Grandes Maestres compartidos),  absorbidos éstos por los jesuitas en 1617. Mucha de la forma de actuar y de la filosofía oculta de los jesuítas va en esta línea, sobre todo en lo que se refiere a captar la fortuna hereditaria de sus miembros, o la de las viudas ricas y devotas, a quienes se convencía de donar sus bienes a la Orden, y no contraer nuevo matrimonio, pero en general, los estudiosos se inclinan por adjudicar como herederos actuales de la Orden del Temple a los Rosacruces y a los Francmasones.

Sea como fuere, se hace necesario un surgimiento del Temple, que actúe en los centros sociales de poder, y preserve esos valores que identifican a Occidente, que están en serio peligro por culpa de ese laicismo creciente, de las manos de un estúpido, falso y suicida "progresismo", frente a la amenaza del Islam, y de la pérdida de valores de las actuales, y mucho me temo futuras generaciones.

En poco tiempo, la ofensiva del Islam contra Occidente ha sido brutal, tratando de imponer sus normas y costumbres, atacando las normas y costumbres de nuestra sociedad, a quien tachan de infiel y satánica.

Bruselas, capital de Europa, contará en muy poco tiempo con una mayoría de población de religión musulmana, lo cual constituye un gravísimo peligro, una auténtica bomba de relojería contra la cultura occidental.

¿Se requiere, pues, un Nuevo Orden Mundial?. Parece ser que sí.

En ese caso, bienvenida sea nuevamente la MILITES TEMPLI SALOMONIS,             a quien hacemos una llamada de auxilio.

                                  

                  

             

 
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