Bajo la tormenta

Aurora despertó en el interior de la pequeña tienda de campaña. Era increíble que hubiera podido dormir a pesar de la ruidosa tormenta que se desataba en el exterior y el frío intenso que hacía. La oscuridad que la rodeaba incrementaba el sonido de la lluvia torrencial que caía con gran vehemencia sobre la tienda. Afortunadamente, dentro podía sentirse a salvo. 

 

Tanteó con la mano para tocar el cuerpo de su novio pero por más que estiró el brazo no logró encontrarlo. Intranquila, Aurora se incorporó y buscó con las manos en el duro suelo de la tienda y  halló lo que buscaba junto a sus botas de monte. Encendió la linterna e iluminó el interior de la tienda.

 

Se sobresaltó al verse sola. Javier no estaba y lo más extraño era que la ropa de su novio yacía hecha un ovillo en una esquina, junto a su  mochila. Hubiera pensado que Javier habría salido al exterior para echar una meada pero… ¿Desnudo?  Aquello no le cuadraba. Nerviosa y preocupada, Aurora lo llamó.

 

-¿Javier, dónde estás?

 

Su voz sonó débil y angustiada. La única respuesta que Aurora recibió fue el sonido de la lluvia golpeando la tela de la tienda de campaña, como pequeños mordiscos de un ejército de hormigas hambrientas. 

 

El viento rugió en el exterior y parecía el aullido de un lobo feroz que expresaba su deseo de acercarse con la intención de  devorarla.

 

Un estruendoso trueno retumbó por encima de su cabeza y tuvo la impresión de  que el cielo podía caerse en cualquier momento.

 

Aurora temblaba de frío y la linterna bailaba entre sus manos. No quería apagarla, no podía quedarse a oscuras, ya no. Estaba sola y, por alguna razón, pensó que Javier no regresaría. No podía creer que la hubiera dejado sola. Sin duda tenía que existir alguna explicación y no iba a discutir con él si lo veía aparecer en cualquier momento. 

 

Tiritando de frío, trataba de evitar que el haz de luz iluminara el montón de ropa de su novio. Verla allí le hacía pensar cosas terribles y prefería  ocupar su cabeza en otros pensamientos más reconfortantes. Era increíble que se hubiera marchado sin nada encima, incluso sus botas estaban allí…

 

Dejó la linterna entre sus muslos y se aventuró a coger la mochila de Javier. Hurgó en su interior hasta encontrar  algo que pudiera servirle para estar un poco más tranquila. Sacó un cuchillo de monte que empuñó con fuerza, como si fuera el arma que iba a utilizar para salvar su vida.

 

Aurora se sentó en mitad de la pequeña tienda mientras escuchaba el ruido del agua arañando la tela y notaba como la tienda se estremecía cuando las fuertes ráfagas de aire arremetían con fiereza. Temió que en cualquier momento su endeble refugio no soportara el temporal y se viera al descubierto, indefensa bajo la tormenta. Sin embargo, quizá de un modo inexplicable, la tienda por el momento aguantaba.

 

Entonces escuchó algo extraño que procedía de fuera  y su cuerpo se puso en tensión. Instintivamente apagó la linterna y la oscuridad la rodeó con expresa agresividad. Agarró el cuchillo si cabe con más fuerza y comenzó a escuchar su propia respiración. Se mordió la boca para evitar que el  sonido la delatara pero muy pronto, en el silencio ominoso de la tienda de campaña, su corazón golpeó su pecho una y otra vez de forma agitada y temió que pudiera escucharse desde fuera. Aurora estaba asustada.

 

En el exterior, los sonidos que la habían puesto en alerta se volvieron a producir. Aurora estuvo a punto de gritar pero se mantuvo en silencio, aguardando. Estaba convencida de que alguien se encontraba ahí fuera, en las cercanías. Había escuchado pasos, alguien caminaba por los alrededores. Podía oírse con absoluta claridad, por encima del propio viento, de los mismos truenos,  las ramas se partían bajo el peso de una persona. El sentido común le indicaba que no podía ser otro que su novio Javier pero la prudencia, y sobre todo el temor, señalaban en una dirección opuesta, mucho más inquietante.

 

¿Quién podría estar ahí fuera?  Parecía estar dando vueltas alrededor de su refugio. ¿Se trataría de Javier?

 

Tal vez no tardaría en saberlo porque los pasos se fueron acercando hasta detenerse frente a la tienda. Aurora se aseguró de tener el cuchillo entre sus manos y respiró con dificultad. Estaba dispuesta a utilizarlo. Sí. Si era necesario lo haría. Sin dudarlo.

 

Oyó una voz que procedía del exterior.

 

-¿Hay alguien ahí?

 

Era la voz grave de un hombre.

 

Aurora quiso mantener el silencio pero se le escapó un pequeño gemido. La persona que estaba fuera comenzó a bajar la cremallera mal cerrada de la tienda e instintivamente  Aurora encendió la linterna para iluminar el rostro barbudo y arrugado de un hombre completamente empapado. Lanzó un grito aterrador, lo que no impidió que el desconocido entrara en la tienda.

 

Su ropa estaba sucia y embarrada y se sentó a su lado. La tienda era tan pequeña que resultaba inevitable que sus cuerpos se rozaran, por mucho que Aurora retirara sus brazos y piernas.

 

-¿Quién es usted?

 

-Menos mal que he visto la tienda, ahí fuera hace un tiempo de mil demonios.-dijo el hombre al tiempo que se frotaba las manos y se sacudía el cuerpo para entrar en calor.-¿Cómo es que estás sola aquí? No deberías acampar por esta zona, es muy peligroso.

 

Aurora estaba aterrada. Miró al desconocido que la observaba con desmedido interés. Parecía un vagabundo. La ropa que llevaba estaba muy vieja y su cuerpo despedía un olor a rancio que inundó el pequeño espacio de la tienda de campaña.

 

-Una chica tan joven y guapa como tú en un lugar tan apartado y solitario como este…

 

El hombre había dicho aquellas palabras moviendo la cabeza de un lado a otro, como si no entendiera del todo la presencia de la chica en aquél lugar.  Aurora le alumbró con la linterna. Era un hombre que podría tener tranquilamente cincuenta años aunque quizá la barba le hacía parecer bastante más viejo de lo que realmente era.  No le gustaba aquél hombre, en sus ojos  observó un destelló maligno.

 

-Será mejor que se vaya.-dijo Aurora.-Mi novio ha salido un momento y regresará muy pronto.

 

El hombre la miró y su rostro se volvió serio.

 

-No voy a marcharme, niña. Ahí fuera no hay nadie y yo me quedo aquí.

 

-Por favor, márchese.-casi suplicó.

 

-No puedo hacerlo, Aurora, hay un fuerte temporal y tardará mucho en despejarse.

 

Aurora observó impotente que  el hombre se tumbaba y apoyaba la cabeza en la mochila de su novio, encogía las piernas y metía sus manos en ellas, como un bebé. Lo vio cerrar los ojos…

 

…entonces se dio cuenta de algo que le había pasado inadvertido y que la dejó petrificada. Aquél hombre… había pronunciado su nombre. ¿Cómo era eso posible?

 

Asustada, a pesar del fuerte temporal, decidió marcharse. Prefería huir bajo la tormenta que quedarse junto  al  misterioso desconocido. Intuía que aquél hombre era un serio peligro para ella y que la hubiera llamado por su nombre no la tranquilizaba, sino todo lo contrario…

 

Aurora salió de la tienda. Un fuerte viento golpeó su rostro y millones de diminutas pero hirientes gotas de lluvia se abalanzaron sobre ella para envolverla  por completo. 

 

Ya en el exterior miró a su alrededor. Los árboles se agitaban como fantasmas errantes que trataban de alcanzarla y la noche era tan oscura que solamente los relámpagos que precedían a los fuertes truenos le permitieron  ver dónde se encontraba.

 

Y entonces las vio.

 

Con cada relámpago, uno tras otro,  comprobaba que estaban ahí.

 

La linterna se le cayó de las manos y rodó junto a sus pies hasta que chocó con una pequeña piedra y se apagó.

 

Una oscuridad opresiva la rodeaba de tal modo que no podía ver absolutamente nada. Aún así, sabía perfectamente lo que había visto.

 

Varias figuras negras se encontraban en las cercanías, sin forma definida pero con cierta apariencia humana. Un nuevo relámpago que iluminó absolutamente todo el cielo y que permaneció en el ambiente durante lo que  pareció una eternidad, le permitió comprobar que estaba rodeada por infinitas sombras difusas, como si se tratara de personas que la observaban bajo la fuerza de la  tormenta, formando un siniestro círculo a su alrededor.

 

Aurora sintió un miedo atroz cuando un fuerte trueno la extrajo de su ensimismamiento…

 

…hasta que ocurrió algo horrible.

 

Oyó la voz de Javier que la llamaba. Procedía del interior de la tienda de campaña…

 

Aurora giró su cuerpo y vio que por la entrada se asomaba el rostro preocupado de su novio; llevaba  una linterna en la mano.

 

En ese momento, del cielo surgió un rayo que se aproximó  a vertiginosa  velocidad  y golpeó un árbol cercano. El trueno posterior eclipsó el gritó de dolor del propio árbol al resquebrajarse. El grueso y viejo tronco  se partió en dos y se precipitó al suelo, acompañado de algunas llamas.

 

Aurora lanzó un alarido desgarrador cuando advirtió que el árbol caía inexorablemente hacia la tienda de campaña. El rostro de pavor de Javier es algo que Aurora nunca jamás podrá olvidar.

 

La tienda de campaña fue aplastada por el tronco partido  y nada se pudo hacer por Javier, que pereció en el instante del impacto. Un olor a madera quemada cubrió la zona.

 

Aurora quiso correr hacia la tienda pero alguien la agarró de la cintura. Al girarse asustada vio al hombre de la barba negra que le impedía acercarse.

 

-No puedes hacer nada, Aurora.

 

La chica trató de zafarse y lanzó gritos y puñetazos hasta que finalmente se dejó caer en el suelo, desconsolada. Las lágrimas brotaron en sus ojos.  El desconocido se agachó sobre ella.

 

-Es posible que no entiendas de momento lo que ha ocurrido pero debes recordar siempre estas palabras…

 

Dejó de llover de inmediato y la tormenta amainó. El cielo cubierto de nubes negras comenzó a descubrir  algunos claros y la luna llena, quizá más hermosa que nunca, se asomó perdiendo su timidez, iluminando con su penumbra el lugar. Las sombras oscuras se acercaron lo suficiente a Aurora para que ésta advirtiera que verdaderamente tenían aspecto humano aunque sus rostros estaban difusos… excepto el de una de ellas y se quedó perpleja al reconocer a su novio Javier, que la observaba en silencio, con una pequeña sonrisa entre  los labios.

 

-…eres una persona especial, Aurora, todavía no ha llegado tu momento y la vida te reserva sorpresas especiales.-dijo la voz del desconocido junto a su oído mientras sus gruesas manos le acariciaban la cabeza.

 

-¿Quién eres?.-preguntó Aurora y miró hacia las sombras.-¿Quiénes son?

 

-Lo importante.-respondió el hombre de la barba negra.-  es que tú  por el momento no eres uno de ellos.

 

Las siluetas oscuras se alejaron empujadas por el viento  hasta que se perdieron en la lejanía. La última que Aurora vio desaparecer fue  la que pertenecía a su novio Javier, que antes  de extinguirse en la nada la saludó con un leve movimiento de cabeza.

 

-No te preocupes.-dijo el desconocido.- volverás a encontrarte con él, pero para eso todavía falta mucho tiempo. Tranquila, cuidaremos de Javier.

 

Cuando Aurora quiso darse cuenta se encontraba sola en mitad del monte, junto a las secuelas de una implacable tormenta que parecía haber convertido la zona en un cruel campo de batalla. Sus ojos se dirigieron irremediablemente hacia la tienda de campaña, sepultada bajo el árbol caído y en cuyo interior se encontraba el cuerpo aplastado de su novio. El olor a madera quemada perduró en el ambiente durante varias horas más.

 

Mucha gente, tiempo después,  le diría que había tenido una suerte sublime, como si  un angel de la guarda  la hubiera  protegido, salvándole la vida en el último momento. 

 

De cualquier modo, y a pesar de que los recuerdos acabarían por borrarse de su cabeza, Aurora siempre tendría la sensación de que su vida podía haberse quedado junto a la de su novio si un hombre misterioso y desconocido  no lo hubiera impedido.

Que siguiera viva era  un milagro o, quizá,  una simple cuestión de suerte.

 

 

 
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