El triangulo de Alboran
EL TRIANGULO DE ALBORAN

Por Ángel Carretero Olmedo
 
acarreteroolmedo@gmail.com

Repasando la casuística de los doce triángulos de la muerte, o malditos, he localizado dos referencias del malogrado Antonio Ribera que me hace preguntarme si existe otro en el Mar de Alborán, prácticamente a la entrada de nuestro querido Mar Mediterráneo.
 
Citando siempre fuentes de Ribera, decir que el 5 de mayo de 1.969 dos aviones militares Grumman-Albatross de lucha antisubmarina se dirigían desde Cartagena a Jerez de la Frontera, estrellándose uno de ellos sobre el mar a la altura del Cabo de Gata. La tripulación estaba compuesta por 8 hombres y una motonave con matricula de Bilbao rescata con vida al Teniente de Navío Pedro Mac Kingsley junto con dos cadáveres. Del resto de la tripulación nunca se supo nada. El superviviente fue incapaz de dar una explicación sobre lo que había sucedido.
 
Dos meses después, el 2 de julio de ese mismo año, otro avión antisubmarino “AN-17” (grumman) desaparece sobre el Mar de Alborán. La tripulación estaba compuesta por 2 Capitanes de Aviación, 1 Capitán de Fragata y un Teniente de Navío. Inmediatamente se monta el correspondiente dispositivo de búsqueda y solo se encuentran restos del avión, habiendo desaparecido los 4 miembros de la tripulación.
 
En esta historia hay dos hechos que me llaman la atención: el primero es la alta graduación militar de todos los miembros de la tripulación. Y el segundo, y quizás más importante, es que el desaparecido Capitán de Aviación Boado debería haber comandado dos meses antes el vuelo que se estrelló a la altura del Cabo de Gata. ¿Estaba Boado destinado a morir en un accidente de aviación?
 
Antes de estos accidentes se produjo otro en Palomares (Almería) donde estaba implicada la aviación militar americana.
 
El Incidente Palomares, que es como se conoce, ocurre el 17 de enero de 1.966 cuando sobre el Mediterráneo, a la altura de esa localidad, colisionan a 30.000 pies de altura dos aviones militares americanos. Procedían de Turquía y su destino era Carolina del Norte y se trataba de un avión cisterna KC 135, al mando del mayor Emila Chapla, con 110.000 litros de combustible y un bombardero estratégico B 52, que se había llevado 12 horas dando vueltas sobre el Mediterráneo oriental, y portaba cuatro bombas de hidrogeno de 1,5 megatones cada una y 7 metros de largo. Otras fuentes afirman que eran cinco los artefactos nucleares implicados en el accidente.
 
Se trató de un error humano. El piloto del bombardero volaba bajo, detrás del avión cisterna, mientras se realizaba una operación rutinaria de toma de combustible en vuelo; lo que provocó que chocara con la panza del avión cisterna y ambos se incendiaran con el resultado de siete tripulantes muertos y otros cuatro, que pertenecían a la tripulación del bombardero, que lograron saltar en paracaídas.
¿Y que pasó con las cuatro bombas de hidrogeno para algunos y cinco para otros? Una con el paracaídas abierto cayo intacta sobre las inmediaciones de la localidad de Palomares, en el cause de un río seco,  y otra sobre el mar ignorándose el estado en que se encontraba. Las otras dos cayeron cerca del pueblo y explotó el detonante convencional que portan para conseguir la primera reacción nuclear. Estas explosiones convencionales esparcieron el plutonio 239 altamente radioactivo en un radio de unos 20 kilómetros.

Los tripulantes del bombardero estratégico, que fueron rescatados con vida, quedaron sorprendidos de que las bombas no estallaran provocando un desastre nuclear sin precedentes en la historia de la humanidad. Y esto fue debido a un artilugio que llevaban incorporadas las bombas. Artilugio que hoy en día sigue siendo secreto.

La recuperación de la bomba caído en tierra, y la limpieza del plutonio, no fue muy complicado que digamos y se efectuó relativamente rápido; aunque generó alarma en el pueblo y los alrededores al aparecer militares americanos equipados con trajes NBQ. En cambio, el gobierno franquista no facilitó protección de ningún tipo a los guardia civiles que participaron en las labores de limpieza.

La operación en tierra y en el mar costó al gobierno americano 80 millones de dólares de la época, se limpiaron 25.000 metros cuadrados de playa y se retiraron 1.400 toneladas de tierra y tomateras que fueron trasladadas hasta Savannah River (Estados Unidos).

El problema estaba en la bomba caída en el mar, que se ignoraba en que estado se encontraba y podía caer en poder de otro país, como podía ser la Unión Soviética. Tras un despliegue de medios por parte de los americanos y ochenta días de búsqueda la bomba fue localizada por un minisubmarino Alvin a 869 metros de profundidad y a unas 5 millas de la costa, gracias a un pescador local llamado Francisco Simó Orts, que vio el accidente e informó a los marines americanos. Desde ese día fue conocido en la zona como “Paco el de la Bomba”. El rescate efectivo fue realizado por un ingenio denominado CURV utilizado en la recuperación de torpedos.

Según distintos estudios realizados se calcula que el 15 por ciento del plutonio 239 altamente radioactivo y con una vida media de 24.100 años, unos tres kilos, jamos fue recuperado y se incorporó al suelo pulverizado. Actualmente Palomares esta considerado el pueblo más radioactiva de España. El 29 por ciento de su población presenta trazos de plutonio y nunca se efectuaron estudios epidemiológicos sobre la población y los guardia civiles que participaron en labores de limpieza.

Recientes mediciones efectuadas, relativas a la presencia de plutonio radiactivo que se disuelve muy mal en el agua, en el plancton del Mediterráneo español han hecho pensar a muchos científicos que hubo una quinta bomba, jamás recuperada y ocultada por los americanos.

Manuel Fraga Iribarne, Ministro de Información y Turismo de la época, se bañó ante la atenta mirada de las cámaras en las playas de la localidad al objeto de acallar los rumores que hablaban de la peligrosidad del lugar y que dañaba al turismo.

Sin ninguna duda, de todos los accidentes nucleares producidos en el mundo, el que nos ocupa pudo llegar a ser el peor. De no haber llevado las bombas incorporados ese artilugio hubieran estallado, significando la exposición producida la aniquilación de media España y parte de la costa del Mediterráneo limítrofe. Sus efectos se prolongarían en el tiempo y muchos de los que me leen no hubieran llegado ni siquiera a nacer. Otros padecerían cáncer y enfermedades parecidas y el suelo de media Andalucía, casi con completa seguridad, seria en estos instantes prácticamente inútil para la ganadería y la agricultura.

La Organización Internacional de la Energía Atómica, que comenzó a funcionar en Viena el 29 de julio de 1.957 y ese mismo año la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó un protocolo de colaboración entre ambos organismos, ha establecido una Escala Internacional de Accidentes Nucleares (INES en ingles). Los valores de esa escala van desde el 0 (desviación, sin significación para la seguridad) al 7 (accidente grave). El Incidente Palomares se clasificaría en esa escala con el nivel 6 y el ocurrido el 26 de Abril de 1.986 en la Central Nuclear de Chernóbil en el puesto 7.

En el año 1.986 el gobierno socialista desclasificó parte de la información sobre este incidente y los americanos hicieron lo suyo en el año 2.006. Poco se puede añadir del estudio de esos documentos a lo dicho hasta ahora. No obstante, es curioso que los americanos afirmen en su documentación desclasificada que aun se siguen efectuando estudios médicos sobre el asunto, más cuando estos nunca se realizaron por parte de las autoridades de los dos países implicados.

Sobre las 12,15 horas del día 26 de mayo de 1980 el submarino de la Armada Española “TONINO” (S-62), de la serie delfín, se encontraba navegando por aguas de Almería próximas a Cabo de Gata cuando su radar detecto un eco calificado como OVNI.

Llevaba rumbo SW a NE, a una velocidad de 600 kilómetros horas, se encontraba a 1,8 millas náuticas del submarino y sobrevolaba la costa a 427 metros de altura. El objeto realizaba sucesivas materializaciones y desmaterializaciones en el radar.

Se encontraba navegando en superficie y fue imposible observar el objeto con ayuda de prismáticos a pesar de estar a menos de 4 kilómetros del submarino.

El “TONINO” fue botado en el año 1972, entregado a la Armada Española en 1973 y dado de baja del servicio activo en el mes de junio del año 2005.

Algo parecido ocurrió durante el año 1983 en el Mar de Alborán. El patrullero “CADARSO” de la Armada Española en una travesía de Melilla a Ceuta detectó en su radar otro eco, esta vez en superficie, en rumbo de colisión. El eco desapareció de su radar cuando en teoría el patrullero y el supuesto objeto habían colisionado. Esa noche se encontraba de guardia el segundo comandante del buque; y según palabras de quienes se encontraban en el puente, lo pasó francamente mal.

El patrullero “LAZAGA” durante una misión de patrulla entre Cádiz y Cartagena, a la altura de Cabo de Gata (Almería) observó en su radar otro eco que se comportó de idéntica manera y que no pudo ser comprobado visualmente. Según quién en ese momento era el responsable del radar, lo observado era real a pesar de no poder verse.

En el año 1968 se produjo una intentona por parte de pesqueros rusos de hacerse con la Isla de Alboran. Franco resolvió la crisis mandando a la Infantería de Marina a la roca, que permanece actualmente allí.

A unas doce millas náuticas de la isla, justo en el límite de las aguas jurisdiccionales españolas, existe una piedra sumergida a unos 80 metros de profundidad que es el único lugar donde se puede fondear. Durante años siempre había allí un pesquero ruso, que hacía de todo menos pescar.

¿Se dedicaban a jugar con el tráfico marítimo de la zona utilizando medidas electrónicas? Puede ser, puede que nunca lo sepamos.

Veintitrés años después de lo de Palomares, la tarde del 15 de diciembre de 1.989 se detecto en la zona de La Mar Chica, en la costa marroquí cerca de Melilla, actividad sospechosa por parte de embarcaciones de recreo que podrían estar transportando drogas de contrabando; ordenándose el despegue desde el Aeropuerto de Almería de un helicóptero propiedad de la empresa madrileña Helipsa y adscrito al Servicio de Vigilancia Aduanera perteneciente al Ministerio de Hacienda.

A bordo, y como comandante de la nave y piloto, se encontraba Alfonso Blanch con experiencia como instructor de vuelo y miles de horas de servicio tanto en Estados Unidos como en España. El copiloto era Asdrúbal Perreiro Niño, también con una amplia experiencia de vuelo.

El despegue se efectuó sobre las 7 de la tarde de ese fatídico día y unas cuatro horas después, al darse cuenta uno de los mecánicos de tierra que se había agotado la autonomía del aparato sin que regresara, se dio la voz de alarma.

Una vez comprobado que el helicóptero no se encontraba en ninguno de los aeropuertos de la zona se monta el correspondiente dispositivo de búsqueda. Sobre las 07.30 de la mañana del sábado 16 de diciembre el pesquero “Las Marías” observa sobre el mar el cadáver de un hombre que se encontraba bocabajo y con los brazos en cruz. Llevaba un chaleco de piloto con su correspondiente número de identificación: el 407-5672200 que pertenecía al copiloto Perreiro Niño.

Gracias al estudio del cadáver de este señor se supo que la aeronave no explotó en vuelo, que el accidente se produjo unas nueve horas antes de ser encontrado y que podíamos estar ante un hecho producido por un error humano. Se abandonó la búsqueda sin encontrar el aparato o su comandante, el piloto Alfonso Blanch; que hoy en día sigue estando desaparecido.

Estudios recientes del Ministerio del Interior afirman que en esas aguas pueden haber desaparecido en los últimos años unas 6.000 personas a bordo de pateras que intentan cruzar el estrecho sin que se encontraran sus cuerpos e independientemente de los cadáveres recuperados. A la vista de lo expuesto hasta ahora, ¿podemos afirmar que el Mar de Alboran forma parte de esos triángulos de la muerte que decíamos al principio?

La Isla de Alcorán es un islote de origen volcánico que se encuentra a 48 millas náuticas de Adra y a 35 del Cabo de Tres Forcas. A unos 100 metros en dirección NE de ella se encuentra el Islote de la Nube. Existe una cueva subterránea que recorre toda la isla y es navegable con buen tiempo. La bautizaron con el nombre de Cueva de las Morenas.

Su nombre procede del corsario tunecino Mustafa Ben Yusf el Magnuz ed Din (Al.Borany) y el 1 de octubre del año 1.540 se produce una autentica batalla naval entre galeras españolas comandadas por Bernardino de Mendoza y 10 embarcaciones belbericas dirigidas por Caramami y Ali Hamet. Hay 830 muertos de los cuales 700 son piratas. Desde ese día es de soberanía española y con el Derecho Internacional en la mano no hay ningún tipo de dudas.

Si existen dudas sobre si se trata de una isla o una “roca”; toda vez que desde el punto de vista del Derecho Marítimo Internacional no cumple los dos requisitos básicos para tener la consideración de isla: el ser apta para la vida humana y el poder desarrollarse actividad económica.

Hoy en día se encuentra deshabitada y una vez al mes llega una dotación de la Infantería de Marina para realizar labores de mantenimiento.
 
Para finalizar tres curiosidades: en el año 1.899 se descubre en ella un nuevo mineral bautizado como alboranita. Dispone de un campo de futbol y de un cementerio con tres tumbas. Dos de ellas corresponden a esposas de fareros destinados en la isla. La tercera carece de nombre y se cree que su morador es un aviador alemán cuyo cadáver llegó a la isla arrastrado por las corrientes durante la Segunda Guerra Mundial. No creo que sea muy complicado poder poner nombre a esa tumba: todo será cuestión de bucear en antiguos archivos del Ministerio de Defensa.
 
Como curiosidad añadir que compañeros que han efectuado servicio de avituallamiento en la isla me han comentado que los marines españoles desplazados al lugar se negaban a acudir de noche al cementerio; por eso de los “fantasmas”, digo yo…
 
Actualmente se encuentra declarada Parque Natural y nadie duda de su estratégica situación e interés militar. En ella hay instalada una estación radio de la Armada.






 
 
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