Galicia Meiga
 


 


 

GALICIA MEIGA

por Angel Rodriguez Alvarez

ggeifo@yahoo.com


 

 


 

Una de las cosas que llaman la atención de las personas que visitan Galicia, (la antigua Gallaecia de los romanos, y que es la tierra más esotérica de Europa), son unas pequeñas construcciones religiosas, generalmente elaboradas en granito, trabajadas por canteros a la antigua usanza, y que son cruces de este material pétreo, elevadas sobre un pedestal, y situadas en la mayoría de las ocasiones en los cruces de caminos o encrucijadas.

Suelen tener una figura que representa a Cristo en una cara, y otra figura que representa a la Virgen en la cara opuesta.

Algunas sirven para delimitar la frontera con la parroquia vecina, y en la actualidad se usan como elemento decorativo monumental en plazas públicas y otros lugares, incluso en los jardines de casas particulares.

Pero estos monumentos tienen en origen un significado determinado, asociado al lugar donde se colocaban, lugar que quedaba así protegido.

Existen variadas opiniones sobre cómo nacieron estos cruceros, pero el más aceptado es que provienen de la cristianización de antiguos monumentos paganos, dioses de religiones pre-cristianas, e incluso los podríamos relacionar con los antiguos menhires.

Existía una costumbre que practicaban sobre todo los peregrinos, que era la de acumular piedras en lugares que tenían para éllos una determinada significación. Sobre éstos montones de piedras colocaban alguna cruz de palo, quedando así coronados "cristianamente" .

También se acepta que provengan de los antiguos miliares romanos, que eran unos mojones de piedra que señalaban las distancias, (miliar viene de millia = mil), que jalonaban los caminos, y que los peregrinos, (por ejemplo los del Camino de Santiago), coronaban con una cruz.

Parientes de los cruceiros o cruceros tenemos a los pairones, que son unas construcciones en forma de pequeñas torres, con figuras e inscripciones de carácter religioso. Colocándole una cruz, y con pequeñas variaciones, tenemos un crucero.

Pairón proviene del griego, y significa borde, frontera, límite, final o terminación, y se utilizaban, además de para fijar estos límites, para rendir culto a las fuerzas de la Naturaleza, a quienes se rezaba para que las cosechas fuesen generosas.

Eran, pues, aras votivas, dedicadas en numerosas ocasiones al dios Mercurio, que era el dios del Comercio, y al que se le rogaba que protegiese a las gentes contra los ladrones y bandidos que pudieran asaltarlos en estas encrucijadas de caminos.

La palabra más utilizada, en lugar de pairón o peirón es "humilladero", que significa pequeño monumento, generalmente con una hornacina con una imagen religiosa, ante la que se "humillan" las personas devotas.

En estas encrucijadas de caminos, las gentes creían que se reunían las brujas, las almas de los difuntos, los demonios, y otras entidades malignas. También se creía que alguna de estas almas de los difuntos se aparecía para anunciar el inminente fallecimiento de alguien, función que, generalmente, corresponde a la Santa Compaña.

Las mujeres que abortaban, debían bautizar a sus fetos en los cruces de un camino con un río.

Por tanto, estas encrucijadas se mostraban como los lugares ideales para quemar a las brujas, o para hacer las hogueras de San Juan, con su verdadero significado (la llegada del Solsticio de Verano), confundido con la cristianización de esta celebración. Cuando estos cruces de caminos se encontraban dentro de los pueblos, o muy cerca de éllos, se convertían en su centro social.

Ante los cruceros se paran los cortejos fúnebres que se dirigen al cementerio, y el ataúd se apoya en una especie de mesa de piedra, en la base de ese crucero, rezándose algunos responsos por el alma de la persona difunta.

Se cree que las encrucijadas son un lugar donde se encuentran este mundo y el "Más Allá", por lo que los espíritus pueden acceder a través de este punto de encuentro. ¿Referencia inconsciente a las "puertas dimensionales" ?. ¿O no tan inconsciente? .

En Galicia se hablaba, (y se habla) mucho de meigas y de sus meigallos. Forman parte del folcklore de nuestra tierra.

Nunca le tuve miedo a las meigas. Yo las buscaba, incluso, siendo aún un tierno infante.

Me contaban barbaridades sobre éllas, sobre sus pócimas, sus potes horribles, donde en líquidos innombrables las meigas revolvían con grandes palas de madera toda suerte de bichejos reptantes, o babosos, o de cualquier forma repugnantes. Eso era lo que más me llamaba la atención, porque ¿quién se podía comer semejantes porquerías?.

Son para hacer potingues, elixires y pócimas varias”, - me decían. Me contaban que los niños, si éramos malos y desobedientes, éramos presa fácil de estas mujeres. Porque siempre se hablaba de mujeres. Nunca, o muy pocas veces se hablaba de brujos. Como algo tal vez emparentado, se hablaba de curanderos, pero no de brujos.

Si caíamos en manos de las brujas, nunca regresaríamos a casa.

Insisto: Yo no las temía. Sentía una extraña, (y espero que no malsana) atracción hacia aquellas hacedoras de hechizos y prodigios, al servicio del Diablo, su amo y señor. ¿Por qué me atraían éllas y sus actividades raras?. Nunca lo sabré.

Vagaba por los bosques de pinos y eucaliptos, donde no faltaban los grandes nogales, carballos y grandes masas de mimosas, que en el mes de febrero y marzo llenaban el aire de un aroma que me encantaba. Jugaba con las aguas de los arroyos o de los manantiales, y me quedaba hipnotizado observando a las culebras que se deslizaban en busca de alguna rana que llevarse a la boca. Eran la representación del Diablo, y las miraba con una mezcla de miedo y fascinación.

Les echaba semillas a las hormigas en las inmediaciones de los hormigueros, para que no tuvieran que ir muy lejos a buscar el alimento, pues los mayores me decían que las hormigas sólo descansaban en invierno, y me daba pena que trabajasen tanto.

Mientras comía moras que arrancaba de las silvas, (zarzas), miraba el vuelo de los numerosos cuervos que graznaban entre las copas de los árboles. Yo sabía que las brujas y los cuervos se llevaban bien, por lo que cuando los veía pensaba que pronto las encontraría a éllas. Pero no había manera.

Sólo en una ocasión encontré una casa, que más parecía una choza, donde me decían que vivía una meiga, pero sólo encontré a una vieja con la cabeza perdida totalmente, encorvada sobre sus potes de hierro, colgados de cadenas, a la lumbre de hojarasca y pequeñas ramas que daban más humo que fuego. El humo no salía por una chimenea, sino entre las piedras de la casa, pues tenía una pared llena de agujeros para que el humo saliese por allí.

En sus potes no había sapos ni culebras, sino caldo gallego y su correspondiente cocido, con más o menos ingredientes. Más bien menos.

Me echó de allí blandiendo un palo amenazador. Su perro me ladró enseñándome los dientes y mirándome de lado. Claro que la vieja, por la pinta, bien podía pasar por meiga.

¿Pero existen las meigas de verdad?. ¿Qué son las meigas?.

Antes del Cristianismo, en el Mundo Antiguo, existían diversas tradiciones o cultos que estaban orientados a obtener de las fuerzas de la Naturaleza generosas cosechas, climas bonancibles y todo cuanto facilitase la supervivencia de los antiguos pueblos. En realidad, y salvando las diferencias de nombres y la localización de los hechos atribuidos a sus divinidades, encontramos muchas coincidencias entre estos cultos. Podría decirse que se trata de la misma religión en diferentes versiones.

Las antiguas tradiciones no sólo contaban con sacerdotes, sino que este papel de dirigentes espirituales se distribuía por igual entre hombres y mujeres, por lo que era normal la coexistencia de sacerdotes y sacerdotisas. Incluso en alguna cultura se estableció el sistema matriarcal de regencia en las tribus o pueblos.

Con el advenimiento del Cristianismo, las tradiciones solares fueron arrinconadas, o absorbidas por la nueva religión, que suprimió o cristianizó sus ritos y costumbres.

La mujer pasó a tener un papel secundario en la sociedad, y en lo que se refiere a su papel religioso es casi inexistente. El dominio del hombre es total y se llega a perseguir incluso, a la mujer, para sojuzgarla, relegando su papel al meramente reproductor, y al cuidado del hogar y de los hijos. Ella se transforma en esclava y el hombre en señor.

A las mujeres que continuaron con sus ritos, (y a los hombres también), se les persiguió con saña, se les acusó de adorar a falsos ídolos, e incluso se identificó a esos ídolos con seres diabólicos. En resumen: Eran brujas, y su amo y señor era el Demonio.

Muchas fueron juzgadas, torturadas y sacrificadas, a menudo de forma horrenda, como por ejemplo, quemándolas vivas.

Esta persecución y estas ejecuciones hicieron que muchas personas, mujeres particularmente, decidiesen convertir en algo real lo que sólo eran mentiras, movidas por el odio y el deseo de hacer daño a quien tanto daño les infligió.

Y así, aquellas desdichadas comenzaron a practicar toda clase de acciones negativas, orientadas a provocar el daño sobre las cosechas, los animales y sobre las personas.

No es que hubiese nada de cierto en éllo, pero cada vez que ocurría algo desgraciado, se culpaba a las brujas o meigas. (Meiga es el nombre en gallego correspondiente a maga, y meigallo es el maleficio supuestamente causado por las meigas).

Pero las meigas no sólo hacen daño. En ocasiones se acude a éllas para lograr algún bebedizo o elixir para curar algunas dolencias, o para conseguir algún amor.

La imagen que se tiene de éllas es la de unas viejas arrugadas, con nariz aguileña, con unos pelos parecidos al estropajo y con muy mal carácter.

Se reunen en grupos una vez por semana, para celebrar unas fiestas llamadas aquelarres, donde la figura central, o presidencia de la citada orgía, es un macho cabrío que es, en realidad, la encarnación del Maligno.

Estos aquelarres se celebran en lo más profundo de los bosques o en cuevas alejadas de miradas indiscretas, y allí beben y comen alimentos infectos, se dan a la lujuria más desatada, y se las acusa de sacrificar a su Señor la vida de niños arrebatados a sus madres.

Para llegar allí utilizan como medio de transporte sus escobas, sobre las cuales cabalgan, desplazándose por los aires a grandes distancias.

Todas estas historias me tenían fascinado, pero por más que lo intentaba, nunca llegué a encontrarme con mis amigas las meigas.

Pero, ¿es cierto cuanto se cuenta de las brujas?.

¿Cuánto hay de verdad y cuánto de mentira en estos relatos?.

¿Es verdad que Galicia es tierra de meigas?

Galicia es una tierra poblada de leyendas, con un pasado esotérico muy intenso, derivado de las creencias y costumbres de sus antiguos habitantes de la era precristiana.

Tengo entendido que unos de los primeros pueblos de esta tierra fueron los oestrinios, una especie de escisión de los ligures, y considerados como protocélticos o precélticos. Tanto éllos, como los celtas que llegaron después, eran pueblos que rendían culto a las fuerzas de la Naturaleza, y conocían muy bien todo tipo de brebajes y pócimas elaborados con plantas y hongos, así como con las pieles de algunos animales. Estos conocimientos quedaron muy arraigados en los pueblos y aldeas gallegos.

En general, todos los pueblos de la Antiguedad tenían estos conocimientos naturales, y entre los celtas los encargados de manejarlos y utilizarlos eran los druidas.

Y quien dice druidas dice druidesas, de las que se habla muy poco.

Eran respetadas y temidas por el pueblo, que las consideraba hacedoras de prodigios.

Las druidesas emitían oráculos y profecías. Con el tiempo fueron convirtiéndose en simples hechiceras y meigas.

Para el Cristianismo que se iba afianzando en tierras celtas, las druidesas eran consideradas brujas malévolas y hacedoras de bebedizos y pócimas venenosas.

Hasta la actualidad se ha mantenido esta creencia que el Cristianismo, como religión de corte patriarcal y machista, inculcó en las gentes. No podían permitir un papel tan importante socialmente en las mujeres.

Una meiga debe ser considerada, en honor a la verdad, como una curandera, con conocimientos naturales que permiten elaborar remedios que, en ocasiones, pueden ser útiles en el tratamiento de algunas enfermedades o dolores, y en el peor de los casos, utilizados para todo lo contrario.

La gente establece diferencias entre bruja, (bruxa), y maga, (meiga), identificando a las brujas como personas malignas y a las meigas como personas benignas, pero yo las englobo a todas bajo el nombre genérico de magas, diferenciando a las buenas de las malas con el adjetivo de negativas o positivas, (magas negras o magas blancas).

Conocen los principios psicoactivos de algunas plantas, que usadas en dosis adecuadas producen cierto tipo de alucinaciones, o inducen a realizar determinadas acciones.

Entre las plantas usadas por éllas están el estramonio, la belladona, la mandrágora, (la mejor es la recogida bajo un cadalso, mojada con el semen del ahorcado), cuya raíz tiene forma de ser humano. Se dice que esta planta emite un grito al ser arrancada, que produce la muerte del que la arranca. Para evitarlo, se amarra con una cuerda al cuello de un perro que al salir corriendo arranca la planta y muere como consecuencia del grito que sólo él puede oir.

También utilizan el tabaco, el beleño, cornezuelo del centeno, ajenjo, acónito, y otras plantas.

Los que somos gente de mar recordamos las historias sobre los efectos que el cornezuelo del centeno producía en las tripulaciones de los barcos antiguos, (por el pan contaminado), efectos que llevaban a la locura y a la muerte.

El acónito altera el ritmo cardíaco produciendo la sensación de una caída en el vacío. Unido a otros alucinógenos, hace creer a la persona que "vuela". Usando grasas animales, (no grasas de niños como se decía), las meigas hacen pomadas y unguentos que sirven de vehículo a la sustancia pisoactiva del acónito, la cual penetra muy bien a través de la piel.

Usan hongos como la amanita muscárida, que es muy venenosa, y de los sapos extraen una sustancia llamada bufotenina, que es un principio activo con efectos alucinógenos. Por éso se habla de que las brujas "cocinan sapos". Existe un trabajo muy interesante sobre estas sustancias en : http://www.etnopsic o.org/textos/ alu_medit. htm

Las meigas utilizan estas pomadas alucinógenas untándose el cuerpo con éllas, lo que las hace caer en un sopor que puede durar hasta tres días, tiempo durante el cual creen estar volando, uniéndose carnalmente con Lucifer y dándose unas juergas tremendas en sus aquelarres. Lo que se produce es una fuerte alteración de la conciencia.

Si tuviera que establecer un paralelismo con otras culturas yo compararía estas prácticas con las realizadas por los chamanes y hechiceros, cuando toman sustancias alucinógenas para tener experiencias místicas.

Evidentemente, las meigas, en los tiempos actuales, han tomado derroteros muy distintos a los de antaño, y las vemos dedicadas a prácticas de magia blanca, con mejor o peor suerte. En cuanto a las prácticas de magia negra, supongo que éso estará encuadrado en lo que entendemos en la actualidad por Satanismo, dentro de sectas de esas características.

Una tierra tan intensamente esotérica es normal que esté llena de leyendas, como la que comentamos a continuación. Aunque para muchas personas no está nada claro que sea una leyenda, como para un hombre llamado Ramón, por ejemplo, que vivió una experiencia alucinante, en una noche inolvidable. Era una noche aparentemente como cualquier otra.

Pero algo pasó que la hizo diferente. Muy diferente.

Aquella noche, Ramón, el veterinario del pueblo, regresaba tarde a su casa, montado en una vieja bicicleta que amenazaba con desintegrarse de un momento a otro. Venía de atender a un vecino que tenía una casa en las afueras del pueblo, y en su cuadra una vaca acababa de tener un ternero.

Había tenido que trabajar duro para atender aquel parto, y el tiempo se le echó encima.

Serían las tres de la madrugada. La luna alumbraba a duras penas el camino empedrado que formaba la calle más importante de la localidad, que estaba en completo silencio, roto sólo por el sonido del agua que fluía por los grifos de una fuente de dos caños, situada en el centro de una placita.

No se veía un alma. Todos los vecinos del pueblo dormían plácidamente en sus hogares.

Ramón se sobresaltó al oir el estrépito que formaron dos gatos al salir corriendo y tropezar con algunos cacharros de lata. Casi se cae de la bici. En la lejanía, un perro ladraba desesperadamente a la luna.

De pronto notó algo extraño. Era un ligero viento que agitó algunas ropas que estaban tendidas y que azotó su cara, trayéndole un fuerte olor a velas de cera. El vello se le erizó. Había oído hablar de lo que significaba ese viento y ese olor a cera quemada, y se tiró de la bicicleta al suelo, trazando rápidamente un círculo, con un trozo de teja, en el interior del cual dibujó el Sello de Salomón, la estrella de seis puntas.

El olor a cera quemada se hizo más intenso y Ramón temblaba de miedo.

Boca abajo, dentro de ese círculo, permaneció quieto, rezando desesperadamente. Sabía que debía esperar y no mirar. Sobre todo no mirar.

Pero la curiosidad le venció, y levantó ligeramente la cabeza para observar. Y lo que vió confirmó sus temores.

Una procesión de espectros, vestidos con sudarios blancos, rematados en una caperuza picuda, estaban llegando a la puerta de una casa: La vivienda de Chuco, el barbero.

La citada procesión estaba compuesta por dos hileras de ocho fantasmas, precedidas por un hombre vivo, muy flaco y extremadamente pálido, el cual portaba una cruz y un caldero de agua bendita.

Detrás del hombre de la cruz, la Estadea, el espectro mayor, y el resto de la procesión, que llevaban en sus manos un hueso con el extremo encendido, a manera de vela.

Ramón hundió su rostro en el suelo y se negó a seguir viendo la horrible escena.

Estuvo así mucho tiempo, hasta que todo volvió a la normalidad, sin olor a cera quemada y sin el viento que acompañaba a la extraña comitiva.

Se levantó temeroso, y el resto del camino lo hizo a pie, pues se tambaleaba inseguro y no podía utilizar la bicicleta.

Cuando llegó a su casa, se introdujo en ella, echó varias vueltas de llave a la cerradura y añadió un fuerte tranco de madera para asegurar la puerta.

Después bebió un largo trago de orujo, que le dejó sin respiración.

Se acostó, pero tardó en conciliar el sueño, el cual fué agitado e interrumpido varias veces, durante el resto de la noche.

¡Dios mío!, - se repetía una y otra vez - ¡he visto a la Santa Compaña!.¡He visto a la Santa Compaña!.

Varios días después fallecía Chuco, el barbero. La Santa Compaña había cumplido con su macabra función de anunciar su muerte.

Esta es una de las leyendas más enraizadas en las gentes de Galicia, sobre todo en los pueblos y aldeas. La Santa Compaña, aunque se considera como tal leyenda, cuenta sin embargo con personas que juran seriamente, por lo más sagrado del cielo y de la tierra, haberla visto realmente.

La persona viva que encabeza la triste y terrorífica procesión está obligada a ir noche tras noche en la comitiva, portando esa cruz y el agua bendita, hasta que otra persona tome el relevo y sea obligada a ocupar ese puesto. Generalmente, esta persona no recuerda nada al día siguiente, y lleva a cabo su vida normal, pero si no es relevada pronto, su cuerpo comienza a mostrar señales de que algo no va bien, advirtiéndose una cada vez más intensa palidez y una debilidad que va en aumento, hasta desembocar en la muerte de ese infeliz.

No es conveniente mirar a la Santa Compaña que, por cierto, no es visible generalmente, excepto por algunas personas que sí tienen la capacidad de verla. Se nota el viento y el fuerte olor a velas, pero no se suele ver.

El círculo es una buena protección, lo mismo que lo es contra los malos espíritus. El Sello de Salomón aumenta su poder de protección. De lo contrario, se corre el peligro de que la Santa Compaña pase por encima de la persona que tiene la desgracia de encontrarse con élla.

Lo que nunca hay que hacer es coger nada que algún espectro ofrezca, ni el hueso que emplea como vela, ni ninguna otra cosa, salvo que se quiera pasar a formar parte de la comitiva, relevando a quien porta la cruz.

El punto de reunión de la Santa Compaña, para comenzar su lúgubre paseo nocturno, suele ser las encrucijadas de los caminos, donde se instalan los cruceiros, y una vez reunidos todos los espectros y el ser vivo que los precede, comienzan a visitar las viviendas de los que van a morir, algunos de los cuales han sido vistos caminando detrás de la procesión. Se oye cantar a los fantasmas, e incluso se afirma haber oido el sonido de una campanilla, pero la regla general es el silencio absoluto.

En la actualidad todavía se sigue viendo a la Santa Compaña, pese a la modernización, y a la excelente iluminación de pueblos y aldeas, incluso por personas que jamás creyeron en la realidad de estas apariciones, que algunos investigadores consideran como una proyección mental de los testigos, algo así como una premonición de la muerte de ese vecino.

Estas personas ven, sí, a la Santa Compaña, pero como una visualización paranormal de un suceso, que afectaría a personas especialmente sensibles.

Sería pues un fenómeno sin una existencia real, fuera de la mente de esas personas sensitivas, pero con un significado absolutamente real.

Son por tanto, personas perceptoras de la Muerte.

A nivel internacional, a Galicia se la conoce por el Camino de Santiago, o ruta Jacobea, que es un antiguo camino que desde Europa recorre kilómetros y kilómetros de una ruta jalonada de ermitas, catedrales, basílicas y centros religiosos, que van llevando a los peregrinos hasta la ciudad de Santiago de Compostela, ciudad santa, en

cuya Catedral se dice que se encuentra el sepulcro de Santiago el Mayor, uno de los apóstoles preferidos de Jesucristo, y que era hijo de Zebedeo y de Salomé, lo cuales tenían una empresa de pesca en Betsaida, junto al Mar de Galilea.

Su nombre era Iacob, (de Jacob), y de ahí Sant Iacob, pero los españoles, que cuando entraban en guerra contra los moros se encomendaban a él, gritaban: "¡Sant Iacob, ayúdanos!". A fuerza de repetir estas dos palabras, se unieron en una, pasando de Sant Iacob a Santiago.

Este hombre era hermano de Juan, el Evangelista.

Fué el primero en derramar su sangre por Jesucristo, pues Herodes Agripa ordenó que le cortaran la cabeza.

Se supone que estuvo predicando en España, llegando hasta Galicia, creencia que se viene manteniendo desde el siglo VI.

En la zona de la Costa de la Muerte, se encontró con que las gentes no le hacían caso, y que su labor era muy difícil, pues la religión o Tradición Solar estaba muy arraigada, así como el culto a las piedras. En la zona de Finisterre existía un templo solar, conocido como Ara Solis.

Santiago se desmoralizó bastante y entonces se le apareció la Virgen, en una barca de piedra, y le dijo que volviese a Palestina, pues su labor aquí ya estaba cumplida.

Allí le cortaron la cabeza, y varios discípulos trajeron el cadáver en una barca de piedra, (¿otra barca de piedra?), subiendo desde la Ría de Arosa por el río Ulla, y en la zona baja de Puentecesures tomaron por el afluente del Ulla, el río Sar, llegando hasta Padrón, donde desembarcaron el cuerpo del Apóstol. Desde Palestina a Padrón tardaron siete días.

Hasta el año 813 no se vuelve a saber nada de él.

Una noche clara, un eremita observa unas extrañas luces no identificadas, parecidas a estrellas, que desde el cielo iluminan un determinado lugar.

Comunica el hecho al obispo Teodomiro, de Iria Flavia, (Padrón), que era la Sede Episcopal en ese tiempo, y el obispo ordena levantar el terreno, encontrando un arca de mármol con unos restos que él, por "revelación divina", dice que son del Apóstol Santiago, dando cuenta al rey Alfonso II el Casto, quien manda levantar una iglesia de ladrillo para preservar el lugar.

Esto se hizo más que nada porque había que buscar un líder religioso que, en contraposición a Alá, pudiese aglutinar a las fuerzas cristianas contra los moros. Santiago cumpliría a la perfección ese rol, y "se le ve" participar en las batallas montando un corcel blanco.

Desde entonces, miles y miles de peregrinos, procedentes de todo el mundo, han caminado por esa senda física y espiritual, para postrarse ante la tumba de Santiago Apóstol, elegido patrón de España.

Hasta ahí la leyenda. Pero parece que el Camino de Santiago ya existía antes de la aparición del Cristianismo. Era un camino iniciático de la religión pagana, la Tradición Solar, y terminaba en Finisterre, donde estaba el Ara Solis, donde los peregrinos actuales que quieren hacer el camino completo, llegan allí y queman las ropas empleadas durante la peregrinación.

Existen dos símbolos, (que en realidad son sólo uno), que son la concha de Vieira, que todo peregrino porta con la cruz, y la flor de lis, que llevaban los Caballeros de Santiago en sus mantos.

Tanto una como otra, representan la pata de la oca, símbolo solar, pero la concha representa también el símbolo de Venus. (Vieira viene de Venera=Venus). Venus es la Diosa del Amor, y las prostitutas, hasta hace poco, llevaban tatuada en el hombro una flor de lis.

Botichelli pintó un cuadro, donde representa a Venus saliendo del mar, montada en una vieira, entre espuma.

Numerosos símbolos están desperdigados a través del Camino de Santiago.

Este camino recorre zonas cargadas de energía, y esta energía y los estados alterados de conciencia que producía era lo que buscaban los antiguos peregrinos.

Para hacer desaparecer el rastro pagano, el cristianismo construyó iglesias, monasterios, ermitas y centros de religión, cristianizando de esta manera una ruta, cuyo origen y sentido se pierde en la noche de los tiempos.

En el año 1094, después de 16 obispos que siguieron a Teodomiro, la Sede Episcopal se traslada de Iria Flavia a Santiago de Compostela.

El camino de Santiago sigue la ruta que en el cielo le marca la Vía Láctea. Su verdadero significado, (el pagano o iniciático), es que, a través de esta ruta, las almas de los difuntos se encaminan hacia el Más Allá.

En la Costa de la Muerte se hallaba, aparte de los templos al Sol, un templo dedicado a la Muerte y al renacimiento a una nueva vida.

Está este camino jalonado, como hemos dicho, de enclaves mágicos y plagado de leyendas y relatos fantásticos. Cada lugar es un universo en sí mismo, y en éllos se mezclan diferentes culturas, desde los tiempos más remotos hasta la implantación definitiva del Cristianismo.

Montes, valles, caminos, monumentos, fuentes, iglesias, ríos y bosques forman un gigantesco libro, que muchas personas que buscan el Conocimiento Oculto, tratan de leer, pero que sus claves, aunque están a la vista, hay que saberlas interpretar.

Se haga desde una visión cristiana, o desde una posición pagana, la persona que hace el Camino cambia de alguna manera, aunque no tienen muy claro en qué forma afecta a sus vidas ese cambio, pero algo tiene esa ruta iniciática, que influye en el ser humano.

¿Serán esas energías telúricas de las que tanto habla el ocultismo?.

¿Energías cósmicas, tal vez?. ¿Una combinación de ambas?.

Sea lo que sea, hasta las personas más agnósticas dicen "notar algo muy fuerte". Algunas afirman no ser las mismas que eran antes de iniciar la ruta.

El Camino es el juego de la Oca, con sus casillas, sus dificultades y sus peligros, hasta alcanzar la meta final que es la Gloria, que no se regala a nadie, sino que hay que saber ganársela. El Camino es la muerte de todo lo anterior para poder renacer a lo nuevo, para renovarnos y encontrarnos a nosotros mismos. El símbolo principal de la ruta es, precisamente la pata de la Oca, (la vieira sería una pata palmeada de oca, y la flor de lis también, pero más estilizada).

En muchas de las iglesias tenían los tableros de este juego de la Oca, que fueron borrados posteriormente del Camino, para ocultar estas señales paganas.

Cada iglesia, cada convento, cada monumento religioso no está hecho en un lugar cualquiera, sino que si se excava bajo ese monumento o templo se encontrarán las ruinas de un templo anterior de una religión más antigua, y bajo esas ruinas, a su vez se encuentran, a menudo, pozos o restos de construcciones sagradas de culturas megalíticas. ¿Son como puntos energéticos de la tierra, a la manera de los puntos energéticos del cuerpo humano?.

¿Fluyen en esos enclaves energías telúricas o cósmicas, que pueden modificar o alterar la conciencia?.

Así pues, la Ruta Jacobea es un camino iniciático, que nada tiene que ver con el Cristianismo, si bien ha sido absorbido por éste y cristianizada su significación.

Pero pagano o cristiano, el Camino es muy beneficioso para quien lo realiza.

No acaba, por tanto en Santiago de Compostela, el Camino original, sino en Finisterre, dependiendo de que quien realiza la peregrinación lo haga esotéricamente o cristianamente.

Son curiosas las leyendas que se encuentran en los lugares por donde transcurre el Camino, que se van haciendo más "paganas" a medida que vamos entrando en Galicia, pasando del milagro a la magia.

"Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada".

Este dicho proviene de una leyenda que se cuenta en esta ciudad, donde un matrimonio llegó con su hijo de dieciocho años, para realizar el Camino de Santiago.

La manceba del lugar donde se hospedaron se enamoró del joven, y le hizo proposiciones sexuales, que el joven desoyó, mostrando desinterés. La moza trocó el amor en odio, y cuando esta familia se marchaba, introdujo entre las pertenencias del muchacho una copa de plata. Acusado injustamente de ladrón, fue condenado a morir ahorcado por el Corregidor.

Pero cuando los padres fueron a ver a su hijo a la horca, encontraron que éste estaba vivo por intercesión de Dios, a pesar de haber sido colgado.

Fueron a contarle el prodigio al Corregidor y éste dijo: "Su hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me voy a comer".

Pero en el momento de ir a trinchar a la gallina, ésta se levantó del plato y escapó cacareando fuertemente.

Desde entonces, en la Catedral existe una jaula, con alguna gallina dentro, que recuerda el milagro, o la leyenda.

Encontramos otra leyenda curiosa en la zona del Cebreiro, en el Puerto de Piedrafita, ya en Galicia.

Unos monjes benedictinos fundaron una rábida o convento.

Años más tarde, en el Siglo XIII, estaba un cura sinvergonzón, descreído e impertinente diciendo Misa, en la Iglesia de ese convento. Era una madrugada fría como la Muerte, con un fuerte temporal que mantenía la iglesia vacía de fieles.

En el momento de la Eucaristía vió, junto a la puerta, a un vecino embozado con su manto, y sorprendido exclamó:

"¡Hay que ser tonto de solemnidad para salir de casa con este tiempecito y venirse hasta aquí en busca de un trozo de pan viudo y un trago de vino peleón!".

Al instante, las campanas comenzaron a tañer solas, mientras que el pan se convertía en carne y el vino se trocaba en sangre.

El cura, sollozando, cayó de rodillas, pidiendo perdón a Dios por su atrevimiento, mientras que el vecino, que veía el prodigio a diario, ni se inmutó.

En esta zona del Cebreiro, así como en Los Ancares o el Piornedo se encuentra lo que algunas peronas consideran el corazon del mundo celta, aunque yo no estoy muy de acuerdo con éllo, pues para mí toda Galicia fue feudo de los celtas, una vez que desplazaron a los antiguos pueblos precélticos. Sí podemos decir que es la zona donde más tiempo perduraron, tal vez por su aislamiento del mundo exterior, perviviendo hasta nuestros días las pallozas celtas, tal y como se suponen que eran en el pasado.

La palloza es una construcción circular u oval, de piedra, con un techo de paja, sustentado por un pilar central.

Consta de una sola pieza, donde conviven los animales y las personas, y donde se hallan el granero, la lareira, (piedra grande que sirve de cocina), el establo y la despensa. No tiene chimenea, por lo que el calor se guarda muy bien durante el invierno.

Los celtas tenían un individualismo muy marcado, por lo que cada palloza era un mundo aparte del resto de éllas, y sólo formaban algún pequeño núcleo con las pallozas de otros familiares, pero aislándose de los demás mediante muros.

Como decimos, algunas se han conservado hasta nuestros tiempos, pues las gentes aisladas en zonas de montaña, en zonas muy remotas, ignorantes de que existía más mundo más alla de su horizonte, vivieron casi como sus antepasados hasta la actualidad.

Se dice que el peculiar acento que poseen los gallegos al hablar es el mismo acento que tenían los celtas, pero no puedo confirmar ésto.

Estamos pues en zona de creencias mágicas, y a medida que nos adentramos en Galicia, nos adentramos también en un mundo de brujas, duendes, hadas, demonios y toda clase de entes y de prodigios que no nos abandonan hasta la Costa de la Muerte.

Sobre nuestras cabezas millones de estrellas, un camino cósmico, una Vía Láctea que nos guía hacia nuestro destino.

Pero en ese destino, si el camino que hacemos es cristiano, ¿está realmente enterrado Santiago Apóstol?.

Hacia finales del siglo XIX, en un artículo del francés Louis Duchesne se afirma que en la tumba de la Catedral de Santiago no se hallan los restos del Apóstol, sino de un obispo hereje, que fue ejecutado en Tréveris, (Alemania), junto con siete discípulos suyos, seis hombres y una mujer.

Su nombre era Prisciliano.

Sus restos fueron traídos hasta Galicia por tres de sus seguidores, entrando por la Ría de Arosa y subiendo por el río Ulla, llevado a Iria Flavia y posteriormente enterrado en el lugar donde se dice que aparecieron los restos de Santiago el Mayor.

La historia es prácticamente la misma, como podemos apreciar, pero cambiando de personaje.

Prisciliano, que llegó a ser obispo de Avila, nació en Iria Flavia, al lado de Padrón, y sus enseñanzas se enfrentaron con las de la Iglesia de aquella época, despertando su cólera.

El Priscilianismo rechazaba el boato y el afán de enriquecimiento de la Iglesia, así como la divinidad de Jesucristo y el misterio de la Trinidad, y en sus creencias había un cierto sincretismo con las creencias celtas, tan arraigadas en Galicia.

Predicaba la igualdad entre las mujeres y los hombres, incluyendo esa igualdad en los cultos eclesiásticos. También abogaba por la participación de los esclavos, y rechazaba la existencia de las diferencias sociales.

Modificó el sacramento de la eucaristía, reemplazando el pan y el vino por leche y uvas, pues preconizaban el vegetarianismo. Sus templos eran la profundidad de los bosques, y aunque recomendaban la castidad, permitían la poligamia.

Pero posiblemente, y como ocurre siempre, su mayor pecado fué su rebeldía contra la autoridad de la Iglesia de Roma.

Podemos encontrar en el Priscilianismo muchos puntos de contacto con el arrianismo.

Donde encontró mayor aceptación fue en la Galaecia, puesto que el Panteísmo de sus doctrinas no chocaban con las creencias de la Tradición de aquellos pueblos.

Se acusó a Prisciliano de practicar la magia, los cultos solares, y en general de herejía, por lo que fue juzgado y condenado a morir degollado.

Los partidarios de la hipótesis de que en el sarcófago santiagués se encuentren los restos de Prisciliano afirman que, ante la imposibilidad de que la Iglesia pudiese impedir la peregrinación a la tumba del hereje, inventaron el mito del Apóstol Santiago, de quien dicen estos detractores, que jamás estuvo en España.

¿Quién está enterrado en la Catedral Compostelana? .

La necrópolis cristiana alrededor de esa tumba está datada entre el siglo III y principio del IV, y Prisciliano es posterior. Ya que no está claro si es Santiago, busquemos a Prisciliano.

Como yo soy de Puentecesures, voy a barrer para mi casa:

Puentecesures en la antiguedad era puerto fluvial de Iria Flavia. Hasta 1926 fué una parroquia de San Miguel de Valga, fecha en que pasó a ser un municipio independiente. En el actual límite de Valga con Puentecesures, en la comarca de los Celeni se encuentra la capilla de Os Mártores, (Los Mártires), y cercana está la iglesia de Setecoros, (referencia posible a los Siete Mártires. La capilla de Os mártores sufrió reformas muy fuertes en el siglo XVII, que hicieron desaparecer las huellas de la época paleocristiana de su construcción, entre los siglos IV y V).

Existen sarcófagos antropoides, del siglo IV, tallados en piedra, y un ara romana del siglo I, perteneciente todo éllo a la antigua diócesis de Aquae Celenes, (actual Caldas de Reyes), vinculada en el siglo V al Priscilianismo.

Durante mucho tiempo, la denominación de Os Mártores o Los Mártires se le aplicó a Prisciliano y sus discípulos, por lo que se sospecha que están o estuvieron enterrados en este lugar.

Son historias paralelas, pues ambos fueron degollados, ambos traídos a través del río Ulla, pero ¿acabaron uno en San Miguel de Valga y el otro en Santiago?. ¿Son sólo leyendas sin confirmación alguna?.

Difícil es que llegue a saberse la verdad.

Pero veamos dónde acaba el camino antiguo, el iniciático. Comencemos por las Rías Bajas de las que se dice: "...y después de hacer el mundo, Dios descansó, apoyando su mano en Galicia, dando lugar a las Rías Bajas...".

En esas Rías Bajas se encuentran las Islas Cíes, el paraíso de los celtas, y la isla de Ons, lugar al cual van a parar los que han muerto en el mar.

Existen numerosas aras votivas, monumentos funerarios, e innumerables estelas, así como muchas leyendas relacionadas con el mundo del Más Allá.

Encontramos en Cedeira el Santuario de San Andrés de Teixido, cerca de la Sierra de la Capelada. En toda la zona se encuentran los acantilados más altos de Europa.

Se dice que San Andrés estaba muy triste paseando, sumido en sus pensamientos, cuando se encontró con Jesucristo, que venía a hacerle una visita.

Jesús le preguntó por qué estaba tan triste, y San Andrés le contestó que era porque los peregrinos iban a visitar a San Iago, y no le visitaban a él, pese a ser un Santo tan milagroso como el Apóstol.

Jesús le dijo que no se preocupase, que todos le visitarían a él en su santuario, por lo menos en una ocasión.

San Andrés le preguntó cómo podría ser éso posible y Jesucristo le contestó que el que no fuese de vivo, tendría que ir de muerto.

Desde entonces, todos los seres humanos tenemos que ir allí forzosamente, bien en vida, o después de muerto.

"A San Andrés de Teixido vai de morto o quen non foi de vivo".

A medida que ascendemos hacia la Costa de la Muerte, los restos y la presencia de la Gran Tradición se hacen más y más visibles.

Tenemos en Muxía la Piedra de Avalar, relacionada con los ritos de la fertilidad, tan comunes en las religiones paganas. Aún hoy día, alguna parejas hacen el acto sexual sobre élla, para terminar con sus problemas de esterilidad, en el transcurso de una romería, donde los romeros intentan mover esa piedra oscilante, que al moverse produce un misterioso rugido.

Indescriptible es la sensación que sentí cuando me subí a ella, como indescriptible es la sensación que tengo cada vez que toco un monumento pagano.

Se dice que esta piedra es el timón de la barca de piedra en la que se apareció la Virgen a Santiago, para consolarlo y decirle que debía cristianizar esa zona. Pero la verdad es otra: Esa piedra es un lugar de culto megalítico, uno de los restos de las antiguas creencias que se han tratado de borrar, con un milagro cristiano que jamás ocurrió.

En el monte Facho existen muchos lechos de piedra, para que las parejas consigan la fertilidad, apareándose en éllos.

También se encuentran en la zona los restos de la iglesia de San Guillermo, que se erigió con el mismo objetivo, borrar el recuerdo de los cultos paganos, en las inmediaciones de donde se cree que estuvo Duio, la ciudad del Ara Solis, donde se rendía culto al Sol y que fué sumergida por castigo divino, por oponerse a su cristianización.

En La Coruña se encuentra el faro de Hércules, el más antiguo del mundo, aún en funcionamiento, construido por los romanos en la época de Trajano.

Se dice que a sus pies está enterrado Gerión, el ser mítico de tres cabezas, derrotado por Hércules, de quien el Camino tomó su nombre en la Antiguedad: CAMINO HERACLEO, en recuerdo de la ruta de Hércules desde Italia a Iberia y una isla del Atlántico.

Sobre el Camino Compostelano, el gran investigador de la España mágica, Juan García Atienza dice:

"Allí, en el extremo de Europa, había algo, - un recuerdo, una presencia o una realidad trascendente - que impulsaba la marcha penosa de seres humanos hacia su realización, convirtiendo el Camino en un viaje paralelo al que emprendían los muertos del Antiguo Egipto hacia el Amenti, la tierra de sus antepasados, el lugar de sus orígenes míticos.

De este modo, cuando en el siglo X se proclamó urbi et orbe el descubrimiento del sepulcro del Apóstol, los caminos hacia Compostela - y más allá, como veremos - resurgieron con un doble sentido: Uno, el habitual, destinado a los fieles que lo emprendían con el único fin de cumplir sus promesas salvíficas. Otro, el que iban a hollar los buscadores de aquella Gran Tradición secular, que tenían que ocultarse de los poderes establecidos para alcanzar aquella iniciación que constituía la meta del conocimiento esotérico, transmitido desde la más arcaica antigüedad".

Efectivamente. Existen dos caminos en uno, y desde siempre el iniciático ha visto desfilar por él a los maestros, a los iniciados, a los alquimistas, a los ocultistas, que han dejado su impronta en ese camino; impronta que los buscadores de hoy día buscan afanosamente, para beber del cáliz del que bebieron los iniciados desde la más remota antigüedad.

La ruta iniciática, la antigua, hemos dicho que acaba en la zona de Finisterre, donde los antiguos creían que se acababa la Tierra, el mundo conocido.

Para éllos, allí moría, en el mar el Sol, y así les pareció a los romanos que conquistaron Galicia con gran esfuerzo, empleando ocho siglos para éllo, (los musulmanes no lo consiguieron) .

Al llegar a Finisterre, Décimo Junio Bruto, uno de los conquistadores de Galicia, quedó aterrorizado, ante el espectáculo que se mostraba ante sus ojos.

En Finisterre se dan las más maravillosas puestas de Sol, que dejan asombradas a las personas que las presencian, y la zona es impactante para quien la visita. Yo, que suelo sentir vértigo, quedé impresionado vivamente.

Su costa es la morada de sirenas, (causantes de la muerte de muchos navegantes que se quedan hechizados con sus cantos), de duendes, hadas y elementales, así como de demonios y de endemoniados.

Por allí anduvo Noé, escapando de una gran catástrofe, el Diluvio Universal, refugiándose en Noya, (Noia), al finalizar su navegación de 150 días.

Es el Finisterre, el fin del mundo, el fin de la vida actual y el renacer a una nueva vida, de la mano de los dioses.

Es la antesala del Paraíso.

Es la Galicia Meiga.

 

 
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