COMPRENSION PROFUNDA: LO INEXPLICADO E INIMAGINABLE
COMPRENSION PROFUNDA: LO INEXPLICADO E INIMAGINABLE
Por Scott Corrales (c) 2012
 
Charles Fort, el primer escriba de los prohibido, declaraba en sus obras que “existe algo o alguien que declara su derecho legal sobre nuestro mundo”. En el mejor de los casos, la especie humana era el inquilino de un casero desconocido. Un inquilino que no conocía bien los plazos del arrendamiento, ni cuando le tocaba pagar el alquiler. En el peor de los casos, nuestro mundo no era más que un coto de caza perteneciente a un soberano indiferente.
 
Otro hombre contempló conceptos parecidos, pero tanto su nombre como sus escritos han caído en el olvido.
 
Aparte de algún documental televisivo sobre el enigmático caso, son pocos los que recuerdan la odisea de Donald Crowhurst, el hombre que intentó circunnavegar el mundo como parte de una carrera de “trimaranes” auspiciada por el periódico londinense Sunday Times. La evidencia apunta a que el navegante sufrió una crisis nerviosa durante la carrera. Algunos alegan que Crowhurst intentaba hacer trampas para conseguir la victoria; otros sugieren que se suicidó en alta mar, y son temas que van más allá de las miras de este trabajo. Lo que nos interesa aquí es el manuscrito de veinticinco mil palabras que redactó durante su viaje. Un documento que ha sido rechazado como fruto del delirio de un hombre sin más compañía que los elementos, pero que incluye un párrafo muy interesante:
 
“Dios y su Hijo jugaban juntos en el seno del Cosmos. El era el Padre en tuda su perfección, y el Hijo compartía de esa perfección. Su encantador juego consistía en transformar a los simios en dioses. Era un juego divertido, y mientras jugaban, obedecían una regla muy sencilla: a los simios no les estaba permitido conocer la existencia de los dioses...”
 
¿Estaba loco Crowhurst? ¿O había atravesado una experiencia iluminatoria? Las palabras de un marinero que desapareció de la faz de la tierra en 1969 sirven de algún modo como prólogo a este artículo. Nuestra humanidad – tecnificada, mecanizada, desnaturalizada – busca la respuesta a lo paranormal bajo la forma de seres interplanetarios que se desplazan en naves espaciales vistosas, impulsadas por elementos totalmente desconocidos...aunque la respuesta al acertijo bien puede haber estado aquí con nosotros todo el tiempo. Nosotros somos los simios, y lentamente tomamos conciencia de las manos que tiran de los hilos invisibles.
 
La tradición védica nos ofrece a los devas – seres supernaturales y beneficientes – cuya existencia resulta invisible a los seres humanos, a pesar de compartir las características humanas de estar condenados a un interminable ciclo de nacimiento, maduración, muerte y reencarnación. La palabra que describe a estos seres proviene del término sánscrito que significa “seres de luz” o “los resplandecientes”. Viviendo en una dimensión contigua a la nuestra, el propósito de estos seres etéreos consiste en asegurar el funcionamiento ininterrumpido del universo en que habitamos, algo parecido a un departamento de planta física, invisible pero siempre presente. Se le asignan a los devas tres entornos muy distintos: los cielos, la atmósfera superior y los mares, además de tener dominio sobre los espíritus de la naturaleza de menor jerarquía, que existen en todo desde las nubes hasta los árboles y las piedras.
 
A diferencia de esto, el zoroastrianismo de los persas no compartía esta visión bondadosa de semejantes seres. Los devas pasaron a conocerse como daivas, y se les asociaba con todas las fuerzas del mal: entes semidivinos que optaron por seguir el sendero del druj (falsedad) en vez del sendero de asha (verdad). Las enseñanzas del zoroastrianismo, así como los Vedas, coinciden en que esta legión de seres no humanos está en conflicto con seres de otra naturaleza, y que dichas contiendas a menudo suelen extenderse al mundo de los mortales.
 
Bajo la dinastía aqueménida, el imperio persa fue uno de los más grandes de la antigüedad, extendiéndose desde Tracia hasta el Punjab, y desde Uzbekistán hasta Egipto. Entre el 486 y 465 a.c., Jerjes – mejor conocido como el bíblico rey Ahasuero en el libro de Ezra (4:6) y en el libro de Ester – enfrentó conflictos y sublevaciones a lo largo de su reinado, dejando constancias detalladas de su respuesta ante dichas crisis. Una de estas respuestas nos es particularmente interesante:
 
“Declara Jerjes el rey: Cuando me convertí en rey, había en esta tierras algunas que se sublevaron...y por la voluntad de Ormuz derroté dichas tierras, y las restauré a su lugar. Y entre aquellas tierras hubo algunas en que de antaño se veneró a los daivas. Y por la voluntad de Ormuz miné los fundamentos de los templos de los daivas, y mi edicto fue que no se veneraría más a los daivas. En dónde fueron venerados los daivas, se venera a Ormuz y Arta...” Si resulta posible identificar a los daivas del zoroastrianismo con los devas del hinduismo, tal vez las palabras de Jerjes preceden a la declaración hecha por el ángel que visitó a San Juan, advirtiéndole que no debía adorar a los mensajeros divinos: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos...” – cita que aparece en el libro del Apocalipsis y que ha sido estudiado por otros investigadores del tema, especialmente Brad Steiger.
 
Seres claramente extrahumanos pero con aspecto humanoide han aparecido ante los humanos bajo la guisa de silfos, ondinas, y docenas de seres cuyos nombres nos recuerdan a los bestiarios medievales y del mundo antiguo. Aunque buscar evidencia en el folclore no es siempre aconsejable, podemos hallar un sinnúmero de tradiciones (nativoamericanas, levantinas, asiáticas) en las que un ser humano tiene relaciones carnales con uno de estos seres “sobrehumanos” y tiene descendencia....aunque también está el caso del desventurado cazador que vio a la diosa Artemisa mientras se bañaba en el río, sellando así su suerte.
 
Los Ultraterrestres
 
En la actualidad, fue gracias a los escritos de Gordon Creighton y John Keel hace 30 años hablamos en términos de “ultraterrestres” en vez de la nomenclatura tradicional. Creighton hace mención sobre esta orden de seres no-humanos en sus artículos para la revista Flying Saucer Review, mientras que Keel hizo lo mismo en obras tan variadas como Our Haunted Planet, The Mothman Prophecies y Operation Trojan Horse. La realidad de estos seres es aceptada sin titubear en el mundo islámico, sobre todo en las cortes religiosas. Creighton menciona la actitud caprichosa de estos seres hacia los humanos, y su tendencia de seleccionar a un espécimen en particular como protegido o mascota, aparte de una fascinación por la reproducción humana y los asuntos humanos – guardando un parecido considerable con los “grises” que figuran en las crónicas contemporáneas.
 
¿A qué grado llega este interés por parte de esos seres, que a pesar de ser poderosos, distan mucho de ser divinos? Anthony Roberts, un estudioso inglés que también se interesó por el tema, sugiere que la diosa mesopotámica Ishtar – con sus grandes ojos negros y cabeza de barbilla puntiaguda, según las representaciones – corresponde a este orden de seres, y que dichas características físicas son comunes a los ultraterrestres. Los mitos antiguos postulaban que ningún mortal era inmune a la diosa del amor, pero...¿y hoy?
 
Hace unos 20 años circulaba un librito muy curioso, UFO Encounters of the Fourth Kind (Zebra Books, 1978) escrito por Art Gatti, que exploraba las obsesiones carnales que estos seres habían puesto de manifiesto con el paso de los siglos...seres que se nos presentan ahora como “gente del espacio”. Gatti menciona una psicosis en Marruecos en 1969 en torno a la presencia de “Aycha Kenaycha”, descrita como un demonio oscuro o súcubo que se aparece a los que toman drogas para tener viajes astrales, atrayéndolos con la voz de sus madres. El viajero astral respondería, invariablemente, y acabaría enfrentándose a una forma astral capaz de robar almas, no tan solo sus cuerpos astrales. Según informa Gatti, la psicosis nacional que llenó los manicomios y cárceles marroquíes a capacidad culminó a comienzos de los ’70, gracias a la intervención de exorcistas islámicos (o eso, o una reducción drástica en el consumo de hachís, ¿quién sabe?)
 
En su mayor parte, el interés hacia nosotros por las inteligencias extrahumanas puede apreciarse en lo militar: las batallas en las que se ha producido un “milagro” que acaba por darle la victoria a uno de los combatientes, a menudo con resultados decisivos para la civilización. Podemos contar la “cruz fulgurante” que apareció ante Constantino durante la batalla del Puente Milvio entre estas experiencias, o las que nos menciona Andreas Faber Kaiser en su libro Las nubes del engaño: Luces que aparecen en el fragor de la batalla, misteriosos jinetes que dirigen ataques contra el enemigo, representándose como dioses o santos, inspirando un bando de beligerantes y sembrando el terror entre el otro. Cabe preguntarse si viajeros y científicos del espacio exterior – no importa cuán entendidos en los asuntos de una sociedad extraña – se prestarían a tales decepciones. Puede ser que la “Directiva Primaria” que nos inculcaba la serie Viaje a las estrellas no sea más que eso, un artefacto cultural de los 1960, pero lo más seguro es que verdaderos alienígenas se dedicarían a una vigilancia desinteresada.
 
Pero aún así, dicha vigilancia desinteresada podría adquirir formas interesantes, incluyendo vuelos de reconocimiento por “rollos voladores”, “escudos centelleantes” y otros fenómenos que se dieron a conocer en la antigüedad de nuestra especie. Jacques Bergier no dudó en ir más lejos, afirmando que inteligencias superiores pudieron haber colocado seres extraños (yetis, monstruos variopintos, “chupacabras”, etc.) en nuestro medio para comprobar nuestras reacciones a lo desconocido, y que dichos entes serían devueltos a su caja por manos desconocidas, como el coleccionista que guarda piezas en un mueble. Los poderes de estas inteligencias superiores, argumentaba el escritor francés, pueden llegar al grado de inducir supernovas en estrellas cercanas para despoblar planetas enteros – en este caso, nuestro mundo – durante era de los reptiles. “Estos seres, que verdaderamente podemos denominar dioses, pusieron en movimiento toda una serie de eventos que no culminará con la humanidad, sino hasta que la evolución resulte en otros dioses, seres iguales a sus creadores”.
 
Casos más recientes de la fascinación que sienten por nosotros estos seres extrahumanos aparece en el libro Legends of the Fire Spirits (Berkeley: Counterpoint Press, 2010) de Robert Leibling, el recopilatorio más completo de investigaciones sobre los jinas hasta el sol de hoy. El autor cita el caso de una estudiante en la universidad de Dhaka (Bangladesh) que cree haber tenido un “jina” llamado Lucy como su compañera de habitación en el verano de 1995. Lucy, una joven de belleza casi ultraterrena, parecía tener el don de ingresar en habitaciones cerradas a llave, así como otros talentos inusuales. Pero como hemos visto en la tradición de los duendes, el ser humano que se ve envuelto en la situación casi siempre acaba cometiendo un traspié. En este caso, la estudiante humana le compró un collar a “Lucy” y trató de colocárselo al cuello mientras que “Lucy” estaba frente al espejo. La estudiante quedó sorprendida y horrorizada al ver que el collar quedaba claramente reflejado en el espejo, mientras que “Lucy” quedaba invisible. Se desmayó del susto, y despertó rodeada por sus demás compañeras de residencia, pero no Lucy. La extraña y bella mujer cuya imagen no reflejaba el espejo había desaparecido para siempre.
 
Tras el velo
 
 
“No me has entendido bien. Cuando dije que trascendían a los animales, incluía entre ellos al animal más eficiente, que es el Hombre. El mácrobo es más inteligente que el Hombre”.
“¿Pero cómo puede ser que en este caso no se hayan comunicado con nosotros?”
“No estamos seguros de que no lo hayan hecho. Pero en las épocas primitivas, nuestros prejuicios se oponían a ello. A pesar de que ha habido poco contacto, su influencia ha sido profunda. Su efecto sobre la historia humana ha sido más decisiva que la de los microbios, y casi igual de ignorada. La verdadera causa de todos los eventos principales es desconocida por los historiadores”.
-          C.S. Lewis, “That Hideous Strength” (“Esa Horrible Fortaleza”)
 
La novela del filosofo inglés C.S. Lewis nos presenta un fin del mundo en el que un grupo de humanos (los iluminati, por darles nombre) concertan una alianza funesta con seres demoníacos a quienes bautizan como “mácrobos” – fuerzas invisibles superiores a la humanidad – y que representan la “horrible fortaleza” que da título a esta última obra de la “trilogía cósmica” de Lewis. Los mácrobos controlan a la humanidad mediante una especie de “super-razón” que nos es completamente irracional (consideremos el aspecto irracional del fenómeno ovni que han descrito Salvador Freixedo y Jacques Vallée en sus respectivas obras).
 
Los fenómenos “forteanos” y los OVNIS son, entonces, el mejor ejemplo de esta irracionalidad, que está impulsada por un claro sentido de determinación. Es debatible si esta determinación es “positiva” o “negativa” – una disputa que vemos en la ovnilogía desde sus primeros tiempos – pero al igual que un caballo puede esquivar a su domador, acaba domado igual y con el bozal puesto. Estas fuerzas superdimensionales (o “supertutelarias”, en el decir de Charles Fort) son los pastores de la humanidad, y les obedecemos directamente o a través de los validos de estos – los elementales, “devas” o otras entidades.
 
El zoólogo Ivan Sanderson presenta una respuesta coherente a la intrigante de “¿cómo pueden ser posibles tales cosas?” en su libro Investigating the Unexplained (Prentice-Hall, 1972). Después de hacer hincapié en que muchos seres “inmateriales” presentan aspectos claramente “materiales”, propone la existencia de un conjunto (o conjuntos) de dimensiones separadas de la nuestra por lo que entendemos por nuestro espacio / tiempo normal, “pero tan cerca al nuestro en cada aspecto que trozos y pedazos caen de una dimensión a la otra.” Lo más importante, tal vez, es la aseveración del gran escritor inglés de que estamos rodeados cada vez más por la evidencia de tales dimensiones, habitadas por seres de naturaleza insospechada, recorriendo la gama desde “pésimos idiotas hasta seres que asemejan dioses”.
 
Sanderson concluye su descripción del asunto postulando varios conceptos: la posible de existencia de universos entrelazados con el nuestro, y que el número de estos puede ser infinito, y que la vida inteligente puede ser algo común en algunos de ellos, y lo más importante: que algunas de estas inteligencias se las han ingeniado para realizar viajes de ida y vuelta desde su universo al nuestro.
 
El científico no toma en cuenta otra posibilidad: que dichas manifestaciones pudieron haber sido traídas a nuestra realidad a la fuerza mediante el uso de prácticas mágicas. Es comprensible que dicha posibilidad sería rechazada de plano desde el principio. Creer en la invocación de seres representa una creencia en la magia ceremonial, algo que muchos no están dispuestos a hacer, puesto que las leyes del mundo físico exigen que se proporcione un insumo para obtener el resultado deseado. Ningún humano tiene la facultad de disponer de los elementos a su antojo, ponerlos en acción, ni atraer seres extraños de otras realidades con fines nebulosos. Pero la experiencia parece indicar lo contrario. De hecho, el periodista Ed Conroy, en su obra sobre las experiencias de secuestro de Whitley Streiber (Report on Communion, p.249), sugiere que una de las formas de abordar el tema de los “visitantes” es precisamente mediante un análisis concienzudo de las prácticas occidentales de magia ceremonial, con sus extensas tradiciones de contacto entre seres humanos y no humanos.
 
Resumen
 
Hollywood y la maquinaria de los efectos especiales nos han regalado una marejada de presentaciones de humanos contra extraterrestres (y hasta la National Geographic se ha prestado al juego) en que visitantes de otro mundo descienden sobre la tierra en naves de combate – y no las naves exploradoras de una civilización avanzada – para destruir gran parte de nuestro planeta. Estas producciones de pura fórmula nos presentan bandas de sobrevivientes heroicos que hacen sus mejores esfuerzos por detener la invasión y eventualmente repelerla, usando el ingenio humano contra el poderío militar extraterrestre. Ya se trate de “V” o “La batalla de Los Angeles” o “Invasión Alienígena”, los visitantes de otros mundos son objetivos sólidos contra los que se puede luchar, y propensos a ser derrotados (o podemos permitir que los microbios lo hagan por nosotros, como hizo H.G. Wells). Aquí encontramos la raíz de la creencia obsesiva en la HET – si existe alguna inteligencia volando en los cielos sobre nuestras cabezas, masacrando nuestro ganado, llevándose en vilo a nuestros conciudadanos, y provenientes de un sistema solar que podemos marcar en nuestros mapas, entonces existe la posibilidad de vencerlos. Enfrentar la posibilidad de que estas inteligencias han estado con nosotros desde siempre, se dejan ver poco, y que jugamos con desventaja contra ellos, va en contra de la necesidad humana de luchar para poder vivir otro día.
 
En otras palabras, nadie quiere pagar para ver una película, o ver una serie de televisión, en la que luchamos contra sombras.
 
La última palabra sobre el tema la pronunció hace décadas un científico, lo que resulta irónico: “Creo que los OVNIS son algo mucho más metafísico que extraterrestre. Pueden provenir de un universo paralelo. Los místicos y los grandes líderes religiosos nos han dicho desde hace tiempo que el mundo físico que nos rodea no es la totalidad de nuestro entorno, sino que existen otros niveles de existencia. Si la evidencia sugiere la existencia de una dimensión paranormal para el fenómeno OVNI, tendremos que buscarla. Tal vez sea que los OVNIS marquen el final del mundo “normal” y la llegada de un nuevo mundo”.
 
¿Y quién era el científico? Un tal J. Allen Hynek.
 
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