2013 el año que nunca debió empezar

El mundo no se ha terminado y ahora me encuentro escribiendo estas líneas a través de un ordenador que está pidiendo a gritos que lo lance por la ventana. Lo haré, pero no antes de terminar la tarea que tengo pendiente y que me resulta bastante dura.

Se trata de una confesión.

Sí. Yo era uno de esos pobres desgraciados que creían que el mundo se acababa el pasado 21 de Diciembre y no precisamente porque los puñeteros Mayas lo hubieran predicho sino porque tenía información valiosa de primera mano y estaba convencido, iba a suceder una catástrofe de semejante envergadura que el mundo desaparecería por completo. Obviamente estaba equivocado pero era tal la convicción que sentía que preparé todo adecuadamente para que los míos tuvieran un final rápido, evitando que sus muertes fueran desagradables y dolorosas. Me llenaba de horror ver sus rostros despavoridos y aterrorizados esperando la llegada del instante final y no podía vivir con esa angustia terrible que atormentaba mi interior, un interior roto por el miedo a padecer lo indecible.

Por esa razón acabé con los miembros de mi familia. No los quería ver sufrir y los asesiné de la forma más pura y simple que se me ocurrió, sin sangre, sin sufrimiento. Admito que fue una mañana horrible y recordarlo me llena de pavor pero sus muertes son algo que desgraciadamente ya no puedo cambiar.

Ahora descansan en el sótano, sentados en cómodos sofás junto al perro y los gatos, también muertos. Ése debía ser el lugar en el que cuando el mundo explotara yo me iba a encontrar, rodeado de mis seres queridos, de mi familia. Pero el mundo, como sabes, no ha explotado y la vida, pese a quien nos pese, continúa. Yo sigo aquí. Pero no mi gente más cercana, que yace inmóvil bajo mis pies pocos metros más abajo. Sus cuerpos ya comienzan a despedir un olor terrible, un hedor nauseabundo que me obliga a mantener las ventanas abiertas tanto de día como de noche. Pero sé que la pestilencia se extenderá incluso más allá del horizonte y no podré detener las quejas y protestas de mis vecinos, que ya deberían estar muertos, como todos nosotros, incluido tú. Porque, como te digo, el mundo debería haber explotado y el mundo no explotó. Con ese doloroso pesar debo vivir… y no es fácil porque ahora me siento completamente solo.

Deseo encerrarme con mi familia en el sótano, yacer a su lado para toda la eternidad pero no tengo el valor de acabar con mi vida. Es curioso lo fácil que es matar y lo difícil que resulta quitarse la vida. De algún modo, para mí, el mundo ha llegado a su fin.

Ahora es el momento de lanzar el ordenador por la ventana para que se estrelle contra el suelo. Me alegrará escuchar el ruido que hace al chocar mientras seco las lágrimas que resbalan desde mis ojos y que pronuncian el nombre de aquellas personas a las que les arrebaté la oportunidad de continuar viviendo. Lo hice por amor, guiado por una insana locura, y mis actos son mi condena eterna. El fin de todo. El fin de mí mismo. El mundo, tal y como yo lo conocía, dejó de existir para mí.

Si alguien llega a leer algún día estas líneas no quisiera que pensara que soy un desalmado sin escrúpulos, un loco demente, una persona atroz y abominable y por eso quiero enviarte un FELIZ 2013 deseándote que vivas lo que yo ya no viviré, esperando que tus sueños se cumplan, o al menos parte de ellos.

Aún mantengo viva la esperanza de que el enorme asteroide que se acerca procedente de las profundidades del espacio exterior colisione con la Tierra en el mes de Marzo, provocando la destrucción casi absoluta de al menos medio planeta y quizá incluso la extinción de la especie humana. Si fracasara eso también, dudo mucho que nos libremos de la terrible guerra de abanico mundial que se desatará a lo largo del año 2014. Tal vez, quizá, mis depravados actos tengan por fin justificación y haya librado a mi familia de los horrores que están por venir.

 

 
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