¿Murio realmente Jesucristo en la cruz?

¿MURIÓ REALMENTE JESUCRISTO EN LA CRUZ?

Por Ángel Carretero Olmedo

acarreteroolmedo@gmail.com

En un anterior trabajo titulado “Religión, cine y mundo paranormal”, al tratar sobre la religión católica omití deliberadamente hacer cualquier comentario sobre la llegada a la Tierra de Jesucristo, limitándome a hacer constar que el milagro más importante del Nuevo Testamento fue precisamente su resurrección.

Soy totalmente consciente de que el tema a tratar aquí es dogma de fe, es uno de los pilares en que se asienta el catolicismo. Podemos discutir sobre la virginidad o no de la Virgen Maria, pero afirmar que el Mecía no murió en la cruz es algo que no admite el cristiano.

Por ello, pretendo exponer este asunto de forma totalmente objetiva, dejando de lado cualquier alusión a la religión en la medida que me sea posible, Para comenzar, estimo que no es necesario entrar a discutir su vida, Las Sagradas Escrituras ya lo hace. No obstante, a su nacimiento fue adorado por los Reyes Magos. Tres monarcas que también eran astrónomos o magos, sus reinos estaban en Oriente, observaron una estrella en el cielo, la siguieron y dieron con Jesucristo.

En el año 2012 el Papa Benedicto XVI con lo que respecta a esto Reyes Magos afirmaba que su procedencia no era Oriente. Procedía de Tartesios, un pueblo asentado en el triangulo formado por las provincias andaluzas de Huelva, Sevilla y Cádiz.

Sobre la figura del Mecía estimo que en el texto narrativo del Nuevo Testamento existe una laguna: nada se dice sobre él de los 14 a los 29 años, edad con la que se da a conocer y empieza a enseñar su doctrina. Algunos autores relacionan ese periodo de quince años con la adoración a que fue objeto a su nacimiento por parte de esos tres reyes, a la que me he referido antes. Continúan afirmando que a esa edad se traslada hacia oriente, siendo educado por quienes lo visitaron a su nacimiento, basándose algunos principios de su doctrina en otra religión, cuatrocientos años más antigua que la cristiana, debiéndonos trasladar a lo que hoy en día es la península de la India para encontrar los orígenes de esa otra enseñanza. Afirmación esta que entra en contradicción con la realizada en el pasado año por Benedicto XVI.

Entrando de lleno en el tema de estas líneas, Jesucristo fue crucificado junto a otras dos personas más, siendo él el primero en morir. Su agonía duró aproximadamente unas seis horas. Posteriormente a su fallecimiento, los soldados romanos aceleran la muerte de sus compañeros de fatiga, rompiéndoles las piernas. Estaba próxima la fiesta judía de la pascua, y todo debía terminar cuanto antes.


La crucifixión consiste en clavar por pies y manos a una persona en la cruz. Se hace teniendo esta los brazos extendidos y en alto, descansando todo el peso del cuerpo sobre las piernas. El sufrimiento puede llegar a durar hasta días y la muerte, debido al estar los brazos extendidos y hacia arriba, se produce por asfixia. La mejor forma de acelerar la agonía del reo es mediante la rotura de sus piernas, el cuerpo ya no dispone de su apoyo, se comprime el pecho y llega la falta de oxigeno, produciéndose la muerte. De hecho, Jesús durante su estancia en la cruz recibe solo una herida, en el costado, producida por una lanza. Se ha discutido mucho sobre el lugar donde se deben colocar los clavos en las manos. Hay quien afirma que si se hace en el centro, por efecto del peso acabaría rasgando la mano y saliéndose el clavo. Otros sostienen que el mejor lugar es la muñeca.

Dice tener sed, le acercan una esponja empapada en vinagre a la boca, muriendo en esos instantes. ¿Fue en ese momento drogado para que pareciera estar muerto? Pocos minutos después, al comprobar los soldados la muerte aparente de Jesús, autorizan bajarlo y entregan el cuerpo a sus discípulos, sin ningún tipo posterior de comprobación.

Desde el punto de vista de la medicina, esas seis horas aproximadas de sufrimiento son muy pocas. Estamos ante una persona aparentemente sana, que perfectamente puede aguantar el peso de su cuerpo sobre las piernas mucho más tiempo. Se puede argumentar como causa de su corta agonía el sufrimiento anterior a la crucifixión, cosa descartada por algunos investigadores después de efectuar las correspondientes consultas.

La practica de la crucifixión es hoy en día habitual en Filipinas, se hace de la misma forma que antaño, permaneciendo los creyentes un máximo de una hora en la cruz bajo la atenta mirada de médicos. La curación de las heridas sufridas se efectúa en relativamente poco tiempo.

El detalle de lo que ocurre seguidamente lo podemos leer perfectamente en la Biblia. Algunos de los autores a que hacíamos referencia mantienen que los restos de Jesucristo fueron encontrados siglos después por los Templarios, que los trasladan hasta Francia para ser ocultados. De estar en lo cierto, nunca se produjo el milagro de la resurrección, quedando la religión católica sin uno de sus pilares principales, por no decir el más importante.

Con relación a la muerte hacer constar que, según la teoría que estamos exponiendo, muchas de las plantas utilizadas en el embalsamamiento del cadáver y encontradas en la tumba eran en realidad drogas, lo que hace mantener al resto de los escritores tantas veces aludidos aquí que fue simulada su muerte.

Los discípulos trasladan a Jesús hasta su ultima morada, depositan adecuadamente el cuerpo en el lugar elegido y proceden al sellado de la entrada, siendo conocedores de que nadie se preocuparía por el difunto hasta tanto no terminara la fiesta que se encontraba próxima. Disponían de todo el tiempo del mundo para regresar de nuevo al lugar y sustraer el cadáver.

A la primera persona que se aparece después de resucitar es a Maria Magdalena, posteriormente a los Apóstoles, que pueden comprobar el estado en que se encuentran sus heridas.

Estamos ante un personaje no querido por los romanos, debiendo por tanto pasar a la clandestinidad después de su supuesta resurrección. No puede continuar en el mismo lugar, volvería a ser detenido y ajusticiado de nuevo de ser descubierto. ¿Dónde ir, pues?. Al respecto existen varias teorías, que de forma resumida intentaremos exponer seguidamente.

Debemos partir de la base que estamos ante un persona que nace, vive y supuestamente muere en Palestina, región situada en un extremo del Imperio Romano. Resulta relativamente cómodo desde ese lugar incorporarse de incógnito a una de las muchas caravanas que hacían la ruta de la seda, acabando al poco tiempo en la península de la India. Teoría totalmente admisible, si tenemos presente esa laguna de los 14 a 29 años de edad que comentábamos al principio de nuestro relato. Era la forma más rápida de abandonar tierras romanas, y regresar al lugar donde fue educado unos años antes.

¿Qué fue de Maria Magdalena?. La sitúan en Francia, donde llega con su hermana y unos acompañantes, ¿Era algunos de esos acompañantes Jesucristo?. Personalmente veo esta teoría la menos viable de todas. Ese viaje significaba, aunque se realizara en barco, atravesar todo el Imperio Romano, de un extremo a otro, encontrándose a lo largo de su camino con quince Legiones Romanas. Seria la más peligrosa de todas las huidas posibles. En defensa de esta afirmación tenemos la devoción que hoy en día, y desde antaño, existe en nuestro vecino país por su figura.

¿A qué se dedicaba María Magdalena antes de su encuentro con Jesús, es
decir, antes de su conversión y de decidirse a seguir los mandamientos
del Maestro? Para muchos cristianos, la pregunta es muy sencilla y tiene
una respuesta casi obvia: María Magdalena era pecadora pública,
prostituta, la tradición cristiana y una abundante iconografía,
corroboran esa respuesta. Sin embargo, si queremos apoyar esa afirmación en Las Santas Escrituras, nos llevaremos una sorpresa. En ningún lugar del evangelio dice que
Magdalena fuera prostituta, ni siquiera que fuera pecadora. Entonces, ¿de donde procede?.

Para comenzar a responder a este interrogante, debemos referirnos a tres
personajes bíblicos, que algunos identifican en una sola persona: María
Magdalena, María la hermana de Lázaro, Marta, y la pecadora anónima.

María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas
evangélicas. Ocupa el primer lugar entre las mujeres que acompañan a
Jesús (Mt 27, 56; Mc 15, 47; Lc 8, 2); está presente durante la Pasión
(Mc 15, 40) y al pie de la cruz con la Madre de Jesús (Jn 19, 25);
observa cómo sepultan al Señor (Mc 15, 47); llega antes que Pedro y que
Juan al sepulcro, en la mañana de la Pascua, etc.

¿Era, por tanto, Maria Magdalena una devota de Jesús?. Hay quien afirma que no, indicando seguidamente que la relación existente entre ambos es la de pareja, llegando esta a darle un hijo, perpetuándose la descendencia en Francia.

De estar en lo cierto, nos podemos encontrar que en algún lugar de Europa pueden existir parientes lejanos de esta pareja. Sitúan a esa descendencia desde hace siglos en el norte del Reino Unido, donde existía una familia con la que reyes y nobleza querían emparentarse. El motivo: ser descendientes directos del Hijo de Dios.

De haber existido la huida, al lejano Oriente o a Europa, significaría la no existencia de otro de los pilares de la religión católica: la ascensión de Jesucristo a los cielos. Idéntica afirmación podemos efectuar en caso de haber sido localizado los restos de Jesús por los Templarios.

Quienes sostienen las afirmaciones aquí expuestas se basan en una serie de documentos, en la propia Biblia, en lo que denominan hechos históricos, etc. Uno de esos hechos históricos es la inclusión en los Evangelios de algunos párrafos doscientos años después de haber sido escritos, quien sabe con que oculto fin.

De todo lo dicho podemos obtener una única conclusión: de estar esos investigadores en posesión de la verdad desaparecerían los principios fundamentales en que se basa la Religión Católica. Seria como un edificio sin cimientos, una simple ráfaga de viento podría convertir todo en escombros.

Estamos ante la única religión donde se da el fenómeno de la resurrección y ascensión al cielo del protagonista principal. En la musulmana, su principal profeta muere a su debido tiempo y su tamba es hoy en día objeto de veneración. En otras existe lo que se denomina reencarnación, se suele vivir varias vidas hasta alcanzar la iluminación, etc.

Mucho se ha escrito sobre lo dicho aquí. He pretendido hacer un resumen lo más corto y detallado posible, lo que significa que quizás he dejado algún dato importante en el tintero. Solo pretendo que el lector que carezca de conocimiento en la materia se haga una idea más o menos clara de lo que se dice al respecto.

La pregunta final seria: ¿qué opino yo sobre el particular?. Estamos ante la pregunta del millón de euros. Quienes me conocen saben que en este y otros aspectos personales soy una persona un tanto reservada. Nací y fui educado en el cristianismo y siempre he pretendido educar a mi descendencia en la moral cristiana. Poco a poco, a medida que he ido cumpliendo años y adquiriendo conocimientos, me he dado cuenta que muchos de los planteamientos de la religión necesitaban algo más de matización. Las respuestas que debía obtener no se encontraban en la Biblia, al menos no las he encontrado con las luces que Dios me ha dado. En algunas cuestiones he perdido, o disminuido, mi fe cristiana, en otros se sigue manteniendo, aunque no con la fuerza que yo quisiera.


Soy conocedor que no podemos tomar al pie de la letra todo lo dicho en nuestras Sagradas Escrituras, existen muchas metáforas que hay que comprender y saber interpretar. La disminución de fe que existe hoy en día, con carácter general en los cristianos, quizás no sea culpa de cada individuo en particular. Podemos estar ante una falta de adaptación a los tiempos modernos de los ministros de Dios en la Tierra.

La Biblia fue escrita con las luces que tenían escritores que vivieron hace dos milenios, influenciados –según los histórico críticos- en algunos aspectos por los pensamientos de filósofos griegos. A lo largo de estos veinte siglos hay algunas cosas que se han rectificado, o aclarado, pocas para mi gusto personal. A lo que debemos añadir, al igual que pasó con otras religiones antiguas, que los sacerdotes estaban también en posesión del conocimiento de la ciencia.

Pero, tal como he afirmado alguna vez, el ser humano necesita creer en algo, en un ser superior que lo crea y cuida. Todos tenemos una idea más o menos clara de cómo se creó la vida en el planeta que nos ha tocado vivir, y de la misma forma en el universo.

Pero para muchos, entre los que me encuentro yo, eso no es suficiente, lo mismo que no lo es el que Dios creara el mundo en siete días.


No es habitual en mi persona el acudir periódicamente a misa, y mucho menos comulgar. Mientras escribo esto me estoy dando cuenta de algo, que hasta ahora no ha tenido importancia, solo conocido por dos personas: mi familia directa. Durante mi estancia en el Reino Unido me preocupé por saber donde estaba la iglesia cristiana y el horario de misas, acudí varias veces y acabé haciéndome amigo del cura. ¿Oculté mi soledad en lejanas tierras en la religión en la que fui educado?. En este instante prefiero no contestar a la pregunta, quizás mañana.

Me permitiré finalizar refugiándome en el refranero español, que es muy sabio: “Dios aprieta, pero no ahoga”.

 

 

 

 

 

 
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